“Vosotros, !oh fariseos!, tenéis cuidado en limpiar el exterior de las copas y de los platos; pero el interior de vuestro corazón está lleno de rapiña y de maldad”. San Lucas- XI – 39.

La gente, en general, pone mucha voluntad en el cuidado del cuerpo. Hay quienes dedican horas a la limpieza y hermoseamiento de las uñas y el cabello. Es de anhelar que también se preocupen de hacer lo mismo con su corazón y su alma. Han transcurrido veinte siglos desde que Jesús nos enseñó cuál era la higiene más indispensable. Se embellece el vaso; no es razonable olvidar el contenido. Se embellece el cuerpo con el baño, el masaje, el sol, los ejercicios, la alimentación sana y adecuada; bueno es cuidar también el alma, la esencia de nuestro ser, lo íntimo y únicamente perdurable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


× 9 = dieciocho