UNA DUCHA DE AGUA FRIA O LA HORA DE LLAMAR LAS COSAS POR SU NOMBRE

Tatul Hakobián

El mensaje de S.S. Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia, durante el congreso panarmenio Armenia-Diáspora [Ereván, 19-20 de septiembre de 2011] en primer término fue un llamado de alerta dirigido a las actuales autoridades de Armenia, y una ducha de agua fría para aquellos participantes del congreso que habían venido a escuchar palabras optimistas y glorificar a las autoridades actuales. Pareciera que el 20o. aniversario de la independencia de Armenia o los congresos Armenia-Diáspora no fueran el lugar propicio para formular una crítica, resaltar los espacios en blanco de nuestra vida, apuntar a los peligros internos y externos que amenazan al pueblo armenio.  

En realidad, sin embargo, estos congresos y aniversarios son justamente el major lugar y occasion colectiva para que resuenen los llamados de alerta. Como otros muchos, yo también seguí con atención los mensajes de S.S. Gareguín II, Catolicós de Todos los Armenios, y Aram I, Catolicós de la Gran Casa de Cilicia en el congreso panarmenio. Luego leí el texto de las presentaciones de ambos catolicoses.
Ambos mensajes, sin dudas, eran Buenos, dignos de líderes espirituales, pero a mí me interesaba otra cosa, en carácter de ciudadano común de Armenia que veinte años atrás votara “Sí” sin vacilaciones a favor del sueño de la Armenia independiente y libre en el referendum del 21 de septiembre de 1991. Yo quería comrprender en qué Armenia vivo. ¿La Armenia que describía el Catolicós de Todos los Armenios en su mensaje patriarcal o la Armenia que presentó el Catolicós de la Gran Casa de Cilicia? Sin dudas, yo preferiría vivir justamente en aquella Armenia que describía el Catolicós de Todos los Armenios. Pero el deseo es una cosa y la realidad es otra.
No escapó a la atención de una serie de medios y politicos de Armenia la contradicción entre los mensajes de ambos catolicoses; ciertos medios consideraron que las palabras de Aram, en las que se describía la verdadera imagen de Armenia, era un contraste evidente al mensaje optimista del Catolicós de Todos los Armenios. El pasaje del mensaje de Aram I que contenía una crítica no fue del paladar de muchos, mientras otra fracción no tenia dudas de que las palabras y la posición de un líder espiritual debían ser exactamente ésas.
No se han escatimado criticas en los medios de Armenia hacia la figura del Catolicós de Todos los Armenios y la Santa Sede de Echmiadzín en los últimos tiempos. Una de las columnas fundamentales, por no decir la más sólida del Estado armenio es la Iglesia Apostólica Armenia. En consecuencia, cada crítica en alguna medida compromete la solidez de esa columna. Sin dudas, la crítica dirigida al Catolicós de Todos los Armenios en muchos casos estuvo fuera de lugar y fue deshonesta y atravida. Sin embargo, es justo decir también que la Santa Sede, en algunos casos exhibe indiferencia hacia los fenómenos evidentemente negativos de Armenia, algunos eclesiásticos de alto rango se entrometen en política a favor de las autoridades, y algunos clérigos llevan una vida mundana y poco ejemplar.  
La palabra del eclesiástico y del líder espiritual es efectiva y comprensible cuando la realidad, por más amarga que sea, no se presenta selectivamente. La palabra del Catolicós de la Gran Casa de Cilicia fue de esta índole, en particular el fragmento que citamos a continuación:

“Hoy nuestra patria y nuestra nación confrontan serios problemas. En nuestra opinion, el problema más grande de la nación es el hecho comprobado de que la emigración de Armenia continua con el mismo impulse. Habíamos declarado Nuestra preocupación al respecto en el II Congreso Armenia-Diáspora y repetimos lo mismo con más fuerza y con profundo dolor. Esperamos que esta campana de alarma tenga un eco en las autoridades de Armenia, la intelectualidad, nuestras estructuras públicas y los hijos del pueblo armenio que viven en la Madre Patria. Nuestro enemigo quiso una Armenia sin armenios. Hoy estamos vaciando Armenia de su pueblo, de su espíritu creador, de su calidad, con nuestras propias manos. La búsqueda de soluciones efectivas a las causas socio-económicas detrás de esta crisis es una necesidad impostergable para frenar esta hemorragia interna de nuestra nación. El curso imparable de la enfermedad llamada corrupción, en otras palabras, la saturación económica de una minoría y, frente a ella, las pobres condiciones de vida de los intelectuales, escritores, maestros y en general de nuestro pueblo deben someterse a una revision fundamental y rápida a través de la aplicación de valores morales, principios legales y criterios de igualdad social. La Iglesia no puede permanecer indiferente ante estos malsanos fenómenos”, subrayó en sus palabras Aram I.
¿Acaso no es una realidad que la gente emigra de Armenia y eso es una hemorragia interna no menos peligrosa que los peligros del exterior?
¿Acaso no es una realidad que Armenia y sus máximas autoridades, la coalición gobernante están sumergidas en la corrupción? ¿Acaso no es una realidad que justamente este sector de los ciudadanos de Armenia goza de la vida, mientras que la mayoría de los ciudadanos vive durante año con la fatigosa y a veces insoportable carga de ganar el pan cotidiano y dar de comer a su familia? 
¿Acaso no es una realidad que los ciudadanos comunes de Armenia pueden ser sometidos a cada momento a injusticias sociales, legales y de otra índole. No solo no disminuyen las injusticias, sino que sus creadores no son castigados.
La lista de “acasos” da para largo.
¿Y quién ha de hablar de esta “hemorragia interna”, de las injusticias, de la corrupción y de los otros fenómenos negativos, sino la Iglesia Apostólica Armenia y el Catolicós?
¿Y quién dijo que el mejor lugar para hablar de estos fenómenos negativos en voz alta no es el congreso Armenia-Diáspora?


 “Aztag” (Beirut)


Traducción de Vartán Matiossián

ARMENIACA – ՀԱՅԿԱԿԱՆՔ

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