TSOVINAR

SAHINIAN ANAHIT

 

Cuando las centellas zigzagueando perforaban el cielo, mi abuela con unción hacía la señal de la cruz sobre su cara diciendo: -¡La Tsovinar! ¡La Tsovinar está bailando…!

¿…Habían capturado a Tsovinar, la habían apresado en el cielo?

¿Sí?, ¿no?, ¿cómo decir? Simplemente la voluntad divina exigía que Tsovinar se sentara en el cielo al lado de la Madre de Dios. Si ella concibió por el Espíritu Santo y concedió al mundo su hijo Jesús: así su hermana menor Tsovinar también concibió por el sagrado manantial y le obsequió a la tierra armenia un par de mitológicos valientes: a Sanasar y Baghdasar, que después fundaron la casta de Sasun, de donde deriva la raza legendaria de los héroes de Sasún, la que creció, se multiplicó y se hizo poderosa en nuestras alborotadas montañas.

Desde el tumultuoso cielo de Armenia seguía con ardor al chasquido de los sables de sus valientes hijos, nuestra legendaria madre Tsovinar. Después de las terribles batallas, cuando se silenciaban los clarines de la guerra, cuando ponían en sus vainas las espadas y los valerosos combatientes armenios como simples labriegos tomaban en sus manos los arados y después de las tempestades de los fuertes granizos y de las lluvias, cuando se clarificaba el cielo de Armenia, el arco iris formaba pabellones desde una montaña a otra.

 

-¡La Tsovinar se ha vestido de rojo-verde! –Suavemente se sonreía mi abuela dirigiendo sus ojos hacía el arco iris.

Tsovinar – arco iris, también se sonreía íntimamente a mi abuela, al mundo entero, con esa sonrisa bonachona  y pacífica con la que sonríe una madre sobre la cuna de su hijo recién nacido.

Era una cuna el mundo armenio, y el arco iris que había formado pabellones sobre las montañas, era la madre Tsovinar inclinada sobre su cuna.

-Tsovinar, hija –con vehemente murmullo continuaba mi abuela-; Tsovinar querida, ¿no te habrás olvidado de colgar el collar de piedritas contra el mal de ojo en tu cuna?

Con siete colores de piedras estaba formado el collar que Tsovinar había colgado a la cuna del pueblo armenio; aun así el ojo malo, la mano mala alcanzaron a El… Se llenó de sangre la cuna… La punta filosa del yatagán turco (la espada de un soldado turco que tiene forma de luna) llegó al corazón de Tsovinar… Y esa Tsovinar erraba sangrando en los cielos, volaba de un mundo a otro sobre las cabezas de sus hijos perseguido.

* * * * *   

Armenios errabundos, madres armenias, niños armenios, en qué lado del mundo que estéis cuando escucháis el tronar el tronar de las nubes, el estruendo de las tempestades sobre vuestras cabezas, sabed que es nuestra gran madre Tsovinar que os está visitando.

En las mañanas, la que os sonríe con la aurora es nuestra primera madre Tsovinar; mientras el rojo – sangre del anochecer es su corazón herido. Y cuando percibáis el arco iris sobre vuestras cabezas en el ciclo, sabed que es Ella que ha formado el arco iris de montaña a montaña, de mundo a mundo, de hijos a hijos y de corazón a corazón.

Escuchad lo que está murmurando a nuestros oídos nuestra gran primera Madre, que de nuevo es una novia recién casada, eterna novia inclinada sobre la cuna del mundo armenio.

Es la nueva madre de los nuevos Sanasares y Baghdasares, que dice: “Hijos míos, pichones perseguidos por aves de rapiña, mis huérfanos errabundos, mis valientes, de nuevo estoy encendiendo el fuego de nuestro antiguo hogar armenio.

Dirigid vuestras miradas fijas al humo que sale de esa chimenea; que él fortifique vuestra vida en el destierro y que ilumine como cirio vuestro camino que conducirá a Casa. Hijos míos, mis valientes hijos, hasta que os junte, a todos vosotros bajo mis alas no ha de parar la sangre que emana de mi corazón, no se cicatrizarán mis heridas, amados intrépidos valientes míos… ”

Con un ojo se sonríe Tsovinar mirando a la cuna y con el otro está llorando sangre mirando a extraños caminos.  Con una mano puesta sobre la cuna, con la otra está llamando:

“Mis pichones, mis valientes volved, volved a casa, volved a Casa…”

 

 

 

 

BREVE HISTORIA DE LA LITERATURA ARMENIA

Selección y traducción

Por

JORGE SARAFIAN

Redactor general de www.armspain.com

Andranik Terteryan

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