SENTIDO COMÚN

Si penetras el mundo de los destruidos, te destruirán…R.B

Alguien me retrucó con esas palabras: “¡Yo no soy armenio, no soy árabe, ni judío!”

 

Y yo pienso: “No soy africano, ni árabe, ni judío y sin embargo sufro en carne propia y me martirizan todas las injusticias que la prepotencia humana acomete.

 

También es cierto que no soy quien para remediar tanta desgracia, pero callarme los hechos sería como, que participara de ellos.

 

Por otro lado, quedarme indiferente ante un drama humano, sería consentirlo. Un espectador, no deja de ser cómplice involuntario de lo que acontece.

 

“Aquello aconteció en Armenia, casi cien años atrás –pensaría nuestro personaje – ; el holocausto judío ocurrió durante La Segunda Guerra Mundial, La tiranía contra los cristianos en Nigeria, Uganda, Congo, Sudan del Sur y las hambrunas de Somalia, todas ellas pertenecen a países que se encuentran fuera de mi casa. Lo mío es lo mío y punto”. Como diciendo: “los problemas de los demás no me incumben, ni me interesan. Yo quiero vivir en paz: No soy armenio, no soy árabe, ni judío, mucho menos africano.”

 

Evidentemente, quienes piensan de esa forma no son la Madre Teresa ; están convencidos que la tiranía forma parte de los poderosos, olvidándose que el tiempo es rotativo, hoy gira a favor y mañana en contra y que muchos pensadores coinciden en que la propia existencia caduca recién habiendo experimentado lo bueno y lo malo y además, logrado desplazar a la bestia incorporada bajo nuestra honda superficie antes de rendir cuentas.

 

Los turcos que durante el genocidio se encerraban tras sus persianas para evitar asistir a las masacres de armenios, son igualmente criminales por no dar la cara y no rebelarse; al igual que el avestruz, esconde la cara para no ver su entorno.

 

El ser humano es apenas un grano de arena en un vasto desierto, aunque imprescindible para sostener a otro grano de arena a fin de conformar ese desierto.

 

Si alguien es agredido injustamente en cualquier país del mundo, en él es agredida la conciencia de la humanidad entera y la responsabilidad de que muriera, es la de todos.

 

En definitiva, creo que ese hermano en cuestión se complace automarginándose de ser armenio, árabe, judío, sin saber que se está al mismo tiempo autoexcluyendo como miembro de la sociedad humana y en realidad me merece lástima, porque sobrepone su egolatría personal por encima de la moral. Ignora además, que el simple hecho de solidarizarse, aun sintiéndose impotente de remediar males, sería agraciarse con el cielo.

 

Esquivar un mal que aqueja a los demás es permitir que el mismo vuelva a ocurrir.

 

El día en que esa gente en cuestión caiga en desgracia, alguien al azar le recordará el momento en que expresó su indiferencia ante el dolor padecido por los armenios, los constantes bombardeos contra los palestinos, los del holocausto judío, las hambrunas africanas y sus dramas tribales, recién entonces comprenderá el valor de la solidaridad.

 

Reflexión de los sabados

Cordialmente .  Rupén (Raymond) Berberian

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