SALVADOR OMNIPOTENTE

 

Stepan Gurdikian

Leyenda Armenia

 

Leng-Timur el sanguinario había venido de Samarcanda hasta las tierras armenias, hasta  Mogs.

El conquistador de Oriente,  sin embargo se había enfermado seriamente y guardaba cama.

Cada vez se empeoraba el estado del paciente y el hekim (médico) del palacio no podía curar al tirano.

Para procurar un remedio al enfermo, los hombres de Leng-Timur se dispersaron por los montes y los valles, estuvieron en muchos lugares y finalmente llegaron a un convento situado entre las rocas en las orillas del río, donde desde hacía medio siglo vivía el anciano ermitaño médico y escritor Arakél de Mogs. Se había aislado allí desde el día en que el enemigo había llevado cautivas a su mujer, Nunufar, y a su linda hija Shahokram.

Después de ese pesado golpe, Arakél en un cuarto oscuro del convento, bajo la pálida luz del candil de aceite, con un pan de maíz, pasaba noches en vela, escribiendo historias y lamentos sobre el negro destino de su pueblo y preparaba ungüentos y remedios para curar rápidamente a los enfermos que le acudían. Su fama de médico se había propagado en todo el territorio montañoso de Armenia. Por eso los hombres de Leng-Timur vinieron para llevarle al lado del conquistador que estaba extenuado en su lecho.

Viendo al anciano, Leng-Timur se reanimó, se movió en su lecho.

-Cúrame, anciano esclavo de Dios-rogó el tirano con una voz débil, que Mahoma sea testigo, te daré lo que quieras…oro, plata, riqueza, poder, lo que deseas.

Una sonrisa melancólica se dibujó en los labios del anciano asceta. El no necesitaba riquezas, poder, gloria, ni vida fastuosa; entonces dijo:

-Yo te curaré con una condición solamente; tendrás que devolver todos los libros manuscritos armenios que has hurtado y liberar tantos cautivos cuantos quepan en mi convento, y también prométeme alejarte y dejar libre el territorio armenio.

Brillaron los ojos del malvado conquistador. Estaba dispuesto a liberar a miles de cautivos y entregar cuarenta camellos con sus cargamentos de oro; basta que la muerte se alejara de él. Y sorprendido por el modesto pedido del anciano pensó: “Al diablo con él, un pequeño convento cuánto puede almacenar y contener de los miles de libros manuscritos y de cautivos. Que sea otorgado lo que pide, basta que él se salve de la muerte segura.”

Y el tirano ordenó que sean de vueltos los libros confiscados y que, enviaran al convento de Mogs a todos los armenios cautivados.

Cumplieron con la orden de Leng-Timur. Los presos empezaron a moverse desde el valle hacia el convento que era tan chico como una capilla. Al llegar, se hacían a un lado a los hombres, para dejar entrar a las mujeres, y a las muchachas y a los chicos, porque conocían la condición: Podían liberarse del cautiverio solamente los que pudieran caber en el convento.

Pero ya aparte de las mujeres y los niños, entraban por la puerta del convento innumerables hombres, y no se llenaba el convento.

Informaron de lo sucedido al conquistador y él dispuso de que enviaran mil personas más. Cumplieron con la orden, pero de nuevo no se llenó el convento.

Leng-Timur se aterrorizó, y tuvo deseos de ir a ver con sus ojos ese milagro. Pero la enfermedad le tenía postrado. “Si ese anciano hechicero puede colocar en un convento tan chico a millares de cautivos sin falta me ha de curar” pensando así se tranquilizó. Luego dispuso para que se enviaran a todos los presos al convento y guardaran solamente al gobernador de Mogs y sus siete ministros.

Cumplieron con la orden del tirano; aparte del gobernador y de los siete ministros mandaron a toda la gente al convento. Se dio cuenta el ermitaño de Mogs y mandó un mensajero al enfermo conquistador haciéndole recordar que el gobernador de Mogs, los príncipes y sus mujeres e hijos debían de ser enviados al convento para que se cumpliera la promesa del sultán.

Por los milagros efectuados por el anciano y por el espanto a la muerte, Leng-Timur ordenó a uno de sus príncipes:

-Ve y averigua cómo ese anciano logra ubicar a millares de personas en ese pequeño convento.

Cumpliendo con la orden del jefe el príncipe entró con el último prisionero al convento y vio con asombro que cuando el anciano ponía su mano sobre los cautivos que entraban, ellos se achicaban, se reducían y se transformaban en mariposas multicolores que volando salían por las ventanillas del convento para ir a sus propias montañas.

Los hombres de Leng-Timur no se percataban, no se daban cuenta de que esas mariposas volando entre las flores multicolores y perfumadas al alcanzar sus hogares patrios se transformaban en personas y llenaban sus aldeas arrasadas.

El Emir huyó espantado del monasterio y contó a su poderoso jefe lo que había visto allí.

Leng-Timur se sentó en su lecho. El asombro y el miedo se habían apoderado de él. Su frente pálida se había cubierto de fría transpiración. Levantó sus débiles brazos y oró a Alah.

Esa misma noche recibió un frasco de medicamento que tomó durante la noche y con el alba se puso de pie. Y con su sanguinario ejército, con sus elefantes, sus camellos y sus caballos se alejó sin regreso de la tierra de Armenia

Desde ese día, el pueblo liberado del cautiverio llamó al convento de Mogs “Salvador Omnipotente”.

 

Armenia a través de sus leyendas fábulas y cuentos

BREVE HISTORIA DE LA LITERATURA ARMENIA

Selección y traducción

            por

JORGE SARAFIAN

BUENOS AIRES 2000 R. ARGENTINA

Redacción por Andranik Terteryan

Valencia, España

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