PARVANÁ

PARVANÁ

Hovhannés Tumanyan

Leyenda armenia

 

El coloso Monte Abul y las oscuras serranías entrelazadas majestuosamente sostienen sobre sus hombros, aún más arriba (allá) de Chavajk un mundo diferente. Dicen que allí, como un águila bajo el deslumbrante cielo azul tenía su trono el Rey de esas vehementes montañas en el blanco palacio Parvaná.

El Rey Parvaná tenía una hija. Ningún cazador había visto una gacela tan linda como ella en esas montañas durante sus recorridos. Engalanaba con su infancia vivaz los días de vejez de su padre en esos parajes donde vivía dichoso con esa flor exquisita.

La suerte más grande iba a llegar más tarde. Y vio también ese día de la felicidad. El rey mandó emisarios a todas las fortalezas, a cada palacio real diciendo: -Donde haya un joven que sea digno de mi hermosa hija, que tome su caballo, su espada y su armadura, que venga, que imponga su valentía para poder llevar este tesoro.  

                                                                        II

Montados sobre sus briosos caballos, con las espadas y armaduras, han llegado, se han reunido: los valientes del Cáucaso frente al palacio del anciano Rey Parvaná.

Preparados y alistados esperan la hora cercana de la competición. Todo el mundo congregado en Parvaná está esperando para ver cuál de los valientes ha de adueñarse de la hermosa princesa.

-Mirá hija, princesa mía, a esos valientes mozalbetes que van a competir delante de ti; uno va a demostrar su fuerza, otro la habilidad de su brazo, algunos su capacidad en la carrera de caballos. Y cuando se acabe la competencia, y se conozca al ganador, cuando desfilen delante de nosotros los valientes príncipes elige, tírale la manzana que llevas en tu mano al invencible de los invencibles para que todo el mundo quede admirado de tu suerte.

Dijo el Rey e hizo la señal para que concluya la lucha.    

Mientras la moza se acercaba con la manzana.

-Padre, tal vez al bueno débil le gane un brutal forzudo, quien no podría llegar a ser nunca el amor de mi vida.

-Ey hermosa diva de Parvaná, ¿Quién puede ser agradable a tu corazón?

En ese momento se abalanzan los valientes rogándole hacia ella rogándole más y más.

_Quieres ¿Tesoro? ¿Oro? ¿Plata? ¿Piedras preciosas y joyas?

Quieres estrellas, te la podemos traer del cielo.

_No quiero ni necesito ni oro ni plata, ni las estrellas del cielo ni le pido joyas a quien será el compañero de mi vida. Yo le pido fuego, el sagrado fuego perpetuo. El que me traiga el fuego perpetuo, ese será el elegido de mi corazón.

Así habló la princesa, provocando un gran revuelo entre los pretendientes, quienes rápidamente montaron en sus corceles, se dirigieron a los cuatro puntos cardinales, apresurándose para encontrar y traer a la hermosa el fuego perenne. Pero, pasaron los años y ellos no regresaron.

_Padre ¿Por qué no volvieron esos valientes jóvenes enamorados? ¿Acaso se olvidaron de mí? ¿Ya no han de traerme el fuego perpetuo?

_No hijita. Vendrán sin falta y te lo traerán este año. Están llenos de sangrientos hechos el camino de los bravos. ¿Quién sabe, tienen que cruzar el mundo tenebroso del Mar Negro? ¿Quién sabe, tienen que arrebatarlo de los gigantes de siete cabezas?

Vendrán, preciosa hija. No es fácil conseguir fuego perenne. Muchas veces la persona que lo trae se quema con él.

III

Pasan los años, mira la moza todos los días y no ve ningún hombre a caballo, por ningún monte, por ningún camino.

-Padre ¿Acaso no hay fuego perpetuo en este mundo? Ya se está marchitando mi corazón, esta vida es triste y fría.

Ya no habla el anciano Rey, está callado, afligido y desconsolado. Está inmerso en sus pensamientos.

Así pasaron muchos años. La triste hija del rey miró, observó los desiertos caminos de los cerros; perdió la esperanza…empezó a llorar y acongojada lloró tanto que sus lágrimas formaron un lago tan grande que cubrió la ciudad y la fortaleza, cubrió y desaparecieron todos y también ella.

Allí ahora se vislumbra el profundo lago tristón de Parvaná, cristalino como lágrimas…y bajo esas aguas límpidas muestran hasta hoy la blanca fortaleza del anciano rey y los majestuosos edificios de Parvaná.     

                                                            IV

Se dice que las mariposas que en la oscuridad de la noche, donde encuentran lámpara encendida, ardiente fuego; donde ven una luz se juntan a su alrededor y caen enloquecidas para atrapar el fuego. Dicen que ellos son los jóvenes enamorados de Parvaná que han tomado alas, en su apuro se han transformado en frágiles mariposas que todavía al ver fuego, al ver llama caen en ella impacientes en su afán de llevarle rápidamente y adueñarse del amor de la princesa. Pero se queman, se queman siempre los valientes de Parvaná.

 

 

 

 

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BREVE HISTORIA DE LA LITERATURA ARMENIA

Selección y traducción por

JORGE SARAFIAN

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