“NO SEAS DURO QUE TE PUEDAN QUEBRAR, NI BLANDO QUE TE PUEDAN EXPRIMIR…”Proverbio árabe.

Que quede bien claro; no importa el tiempo transcurrido; los genocidios no caducan con el correr del tiempo, más bien se actualizan generación tras generación.

 

La Nación Armenia Occidental con algo más de tres millones de ciudadanos fueron masacrados, arrojados salvajemente fuera de sus hogares y deportados de la forma más vil y despiadada. Sus bienes y sus fortunas pasaron al tesoro del Estado Turco, lo demás se repartió entre la población turca y las turbas kurdas. Las niñas más agraciadas fueron raptadas y distribuidas entre la soldadesca, otras fueron escogidas y llevadas hasta nunca por los kurdos.

 

La familia turca había salido a relucir los peores instintos del género humano.

 

Durante la deportación de 1.800.000 armenios, caravanas y caravanas de mujeres y niños fueron conducidas a los desiertos de Deir-ez-Zoor, Mezkene, Ras Ul Ain y Mosul con la intención de hacerlas perecer de sed y de hambre. Ya fuera de los límites de la urbanización, eran interceptadas por multitudes de mujeres turcas, dedicadas al pillaje, quienes revisaban a las armenias, les quitaban sus pertenencias, sus objetos de valor y se quedaban con su dinero; incluso les arrancaban los dientes de oro con sus tenazas. Luego aparecían los kurdos para completar la faena… Muchas de esas caravanas jamás llegaron a destino… Sólo el 10º/º logro sobrevivir.

 

El horror y la desesperación resulta tan marcado a fuego en nuestra memoria y es tal, que nosotros, segunda y tercera generación de aquellos sobrevivientes, todavía nos paraliza reconocer haber existido tales atrocidades infrahumanas conformada por la gran mayoría de la población turca contra nuestra Gran Familia, sin que ninguna nación, tildada de civilizada, atinara intervenir a favor de las víctimas enredadas en odios raciales y religiosos.

 

Turcos eran los policías montados a caballo quienes fusilaban a quienes se detenían, sea por fatiga, enfermedad o parían en el camino del calvario; turcos eran los miembros del ejército regular; turcos eran los bandido y criminales liberados ex profeso de las cárceles con misión de degollar armenios gozando de una recompensa de una libra de oro “osmanlí” por cada armenio; turcos eran quienes con sus machetes partían las cabezas de los niños; turcos eran sus genocidas Taleat, Enver, Djemal, Dr. Nazim y Mustafá Kemal, alias el Ataturk, otro de los mayores criminales genocidas de “Los Jóvenes Turcos”.

 

Eran turcos quienes por la fuerza se apoderaron y se quedaron con Anatolia, Cilicia (Guiliquia) y toda nuestra Armenia Occidental; kurdos fueron quienes arrojaron a la indefensa y desarmada población armenia al Ufrates; kurdos eran quienes tiñeron sus aguas de sangre armenia; responsables de la desaparición de la familia Mendildjian, familia aristócrata de mi madre, en Dyarbekir.

 

El mundo lo debe saber… El mundo debe saber que pese al tiempo transcurrido y contra lo innegable de lo ocurrido, el Estado turco sigue hiriéndonos con su obstinado y absurdo negacionismo. El Estado turco sigue agrediendo nuestra armenidad incentivando y cultivando odios con su amparo a los turcos azerí de Azerbaiyán.

 

Turquía es una Nación desagradecida por todo lo que nuestra armenidad le aportó. El arte turco fue elaborado por armenios, los palacios y las obras de grandes estructuras fueron realizados entre otros por los Balian. Mientras los países europeos se desprendían del yugo otomano, los armenios le seguían nutriendo y aportando su conocimiento a Turquía.

 

Fueron turcos quienes promovieron la “Guerra Santa” contra los cristianos. “Guerra Santa” significaba que el turco podía matar a un cristiano sin culpa ni cargo porque Ala lo liberaba del crimen y lo purificaba.

 

Y no es de asombrarse, la misma conducta bárbara la volvieron a demostrar contra sus propios hermanos kurdos (turcos montañeses), masacrando y expulsando a su población. Agresión, que perdura hoy día contra las tribus kurdas en la frontera de Irak.

 

Son turcos, los que durante más de seiscientos años de usurpación y sometimiento burlaron el cristianismo de los armenios, incendiaron sus iglesias repletas de mujeres y niños y profanaron las tumbas; son turco, quienes torturaban a los religiosos, los desnudaban, los  amputaban, les arrancaban los ojos, las uñas, la barba y la lengua y hacían de ellos el hazme reír de sus hermanos.

 

Son turcos, quienes borraron de Armenia Occidental un pueblo milenario ancestral con más de tres millones de seres humanos y seis mil años de antigüedad; un pueblo culto, pacífico, artesano, creador entre tantas otras cosas, realizador de la alfombra oriental, mundialmente conocida por la alfombra persa; un pueblo que ha perdurado porque Dios es Grande (Asdvatz menz-e) desde los sumerios, los hititas, los frigio y los urartas;  pese a todas las invasiones: de los asirios, de los mongoles de Genkis Khan, de Atila con su pretensión de conquistar Europa, de los tártaros, de los persas, de los medos, bizantinos, turcos seljucidas, árabes, mamelucos; pese a Alejandro El Magno, al Imperio Romano y a los cruzados.

 

Digo yo… ¿habrá sido un castigo de Dios el haber adoptado el cristianismo año 301, antes que Roma, para que la armenidad milenaria occidental desaparezca en las fosas de las bestias?

 

A veces hasta dudo que la fe religiosa sea más importante que la propia vida. Luego pienso: Si Dios es el mismo para todas las religiones, no le veo impedimento rezarle a Dios, a Ala, o a Adonai, bajo diferentes fórmulas, distintas disciplinas y expresiones que en el fondo todas conducen a Roma.

 

Incluso me pregunto si ha sido lo correcto la actitud de gran parte de mi familia asumir la muerte como cristianos que optar por la vida y acoplarse distintas fórmulas. Porque, a menos que me equivoque, uno puede descubrir y alabar a Dios como cristiano, mahometano, judío o budista incluso ante su propio espejo; es como maniobrar hacia el cielo utilizando distintas formulas.

 

¿No será que nuestra ignorancia perdura simplemente por temor a las escrituras, consagradas como sagradas…?

 

Son cosas que no me cierran, porque aunque no las admita, están incorporadas en mí; pero, si las pongo a desmenuzar, termino convirtiéndome agnóstico.

 

¿Existe acaso una diferencia de rezar a Dios en una iglesia, una mezquita o en una sinagoga? A menos que haya sectores más privilegiados que otros y figuren presagios que señalen quienes entran al cielo por la puerta grande y quienes son introducidos por acomodo desde la entrada de servicio.

 

Tres millones de armenios islamizados a la fuerza, no dejarían de ser tres millones de armenios, “cristianos islamizados”; pero vivos. Cambiar de religión bajo presión no sería nada pecaminoso, por lo menos eso creo.

 

Que yo sepa, los armenios, antes del cristianismo eran también armenios. Por otro lado, una persona buena es una persona buena, no obstante su fe y una persona mala, es mala, no obstante su rango religioso y de esos el mundo está sobrecargado.

 

El pueblo turco era y es malo, no porque practica mal la religión islámica; la misma religión le queda ancha. El turco es una raza deficiente y acomplejada, posee características definidas de un pueblo criminal y si se ensañó con los armenios es, ante todo, porque les temía y luego, porque no pudo contra su naturaleza.

 

No es un accidente histórico la desaparición de Armenia Occidental con sus millones de víctimas, fue planeado y ejecutado por mentes maquiavélicas.

 

Nosotros, hijos y nietos de los huérfanos sobrevivientes del primer genocidio del siglo XX, quienes conformamos la diáspora, tenemos el deber moral, como armenios que somos, de difundir al mundo nuestros reclamos hasta que Turquía nos devuelva el Paraíso Terrenal que nos pertenece: nuestra herencia milenaria arrebatada y reconozca abiertamente sus crímenes de lesa humanidad. Lo demás reclamos, todo lo demás, porque los hay y son muchos, vendrán por añadidura.

 

Llego a la conclusión que eso bípedos asesinos utilizaron durante más de seiscientos años de la usurpación de nuestra Armenia Milenaria, mil y una artimañas con tal de borrar a los armenios del mapa, incluso inventaron una “Guerra Santa” contra los cristianos.

 

Es posible también, y no está demás pensar, que con esos tres millones de armenios “ya islamizados” no se habría resuelto nada, puesto que esas bestias sanguinarias los habrían degollado igual, esgrimiendo cualquier excusa con tal de quedarse con sus bienes,  su fortuna y el territorio que les pertenece.

 

Se me ocurrió alguna vez, que al no poder derrotar a un enemigo ampliamente superior, sería conveniente aliarse a él; teóricamente sueña perfecto y sin embargo temo que en este caso no cuajaría,  tratándose de individuos con mentalidad obsoletas y retrogradas.

 

Seamos francos: los armenios fueron los únicos que mejor supieron acompañar y soportar a los turcos y sin embargo, ellos no pudieron contra su instinto, ni tampoco con su complejo de inferioridad.

 

Rupén(Raymond) Berberian

[email protected]

 

“Ante todo pido disculpas a mis lectores por si llego a incomodar su susceptibilidad, acaso disgustarlos por haber generalizado tildando al pueblo turco como criminal y verdugo impío. No obstante ello, reconozco que hubo excepciones y agradezco humildemente a todas aquellas familias turcas, con su grandeza de alma y su bondad, (porque las hubo) se  jugaran la vida, prefiriendo salvar vidas humanas, ocultándolas en sus casas. ¡Que Dios las tenga en su Gloria y bendiga a sus descendientes!

 

Pido también disculpas a mis compatriotas que fueron mártires de la intolerancia racial y religiosa defendiendo su fe cristiana, por opinar, desde lejos en el tiempo y la distancia, revelando mi particular modo de meditar sobre qué nos hubiese convenido con tal de evitar tanta desgracia”.

“Moraleja”

El pino se inclina en favor de la tormenta, luego… retoma su postura elegante

Se odia en el otro lo  detestable  de sí mismo…R,B

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