León V de Armenia y I de Madrid

En 1375 los mamelucos egipcios conquistaron el reino de Armenia. El hecho de que Armenia (de mayoría cristiana) hubiera apoyado las Cruzadas suponía un riesgo para los reinos musulmanes. Tampoco es ajena a esa conquista la posición armenia frente al avance de los mongoles. Los armenios prefirieron negociar la paz con ellos mientras los mamelucos (esclavos de origen no musulmán -parece ser que la mayoría eran de procedencia rusa- conversos y adiestrados militarmente) los combatían y conseguían derrotarlos.

La conquista de Armenia supuso la captura de su rey, León V. Como era habitual en la época no fue asesinado sino sometido a encarcelamiento mientras no pagara un crecido rescate por su persona. Desposeído de su reino, León V no podía hacer frente a su rescate así que recurrió a los monarcas cristianos europeos. Uno de los que atendieron su petición de ayuda fue Juan I de Castilla que consiguió el rescate de su "colega". No es extraño que, una vez liberado, León V realizara el largo viaje hasta Castilla para agradecer su ayuda. Sí resulta más sorprendente que Juan I le concediera, conmovido por su caída en desgracia, una serie de mercedes extraordinarias ya que le cedió el señorío de Madrid, de Villa Real (Ciudad Real) y Andújar. Así, León V de Armenia se convirtió en 1383 en León I de Madrid.

No obstante, los vecinos de esas localidades no estaban tan bien dispuestos hacia el monarca armenio como D. Juan. Las protestas fueron de tal calibre que D. Juan tuvo que precisar que la cesión no tenía carácter permanente sino temporal, y que no sería válida más que hasta el fallecimiento de León V, sin que sus sucesores pudieran heredar el señorío de ninguna de las tres villas. León V realizó obras de acondicionamiento del Alcázar madrileño con vistas a hacer de él una digna residencia real. No obstante, tal vez desencantado con la actitud de los madrileños que parece que nunca le vieron con buenos ojos, o tal vez con la esperanza de que se organizara una nueva cruzada que le permitiera reconquistar su reino, abandonó Madrid y se transladó a Francia.

En 1391, Enrique III de Castilla decretó la reversión de las tres villas a la corona castellana y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Manzanares por Madrid, transformó uno de los montes de Madrid en lugar de caza y residencia real. Ese monte era El Pardo.

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