Las tres vidas de Simon Mahdessian

Simon Mahdessian sobreviviente del Genocidio Armenio

Simon Mahdessian, junto a su hija Denise en la terraza de su chalet de Bétera.  fernando bustamante

Superviviente de 103 años (ahora 105). "¡Es mi destino!", responde Simon Mahdessian cuando se le pregunta por su secreto para alcanzar los 103 años. Este francés de origen armenio ha sobrevivido a las dos grandes matanzas del siglo XX: el genocidio armenio de 1915 y el holocausto nazi, ya que también logró evadirse de un campo de concentración.

RAFEL MONTANER BÉTERA Simon Mahdessian es un libro de historia con corazón. A sus 103 años, el vecino más anciano de Bétera (Camp de Túria), ha vivido tres vidas en una. Este ciudadano francés de origen armenio ha logrado sobrevivir a los dos genocidios más sangrientos del siglo XX. Escapó siendo un niño de la matanza de más de un millón y medio de armenios durante la I Guerra Mundial en el antiguo imperio otomano. Y también burló el Holocausto nazi, cuando en1942 logró evadirse de un campo de concentración al que había llegado como prisionero de guerra francés.
"¡Es mi destino!", responde con una gran sonrisa cuando se le pregunta por el secreto de su longevidad. Y razón no le falta, pues sólo la suerte hizo que pudiera salir con vida de este pogromo musulmán contra la minoría cristiana que residía en la actual Turquía. De esta primera vida, la de niño armenio en la ciudad turca de Adaná , Simon recuerda cómo empezaron las matanzas: "Primero detuvieron a los hombres y luego comenzaron a quemarnos las casas".
Tenía siete años cuando se llevaron a su padre, propietario de un boyante taller de calderería con trabajadores que iban por las ciudades vendiendo ollas de cobre. Lo perdieron todo. La última vez que vio a su padre fue tras las rejas de la prisión, "como yo lloraba mucho, me tiró unas monedas para que dejará de gritar y no me descubrieran".
Luego supo que su padre fue víctima de una de las "marchas de la muerte" organizadas por las autoridades otomanas. En ellas obligaron a decenas de miles de armenios, sin apenas comida ni agua, a caminar cientos de kilómetros por el desierto Derzor de lo que hoy es Siria. Logró llegar a Damasco, pero tan debilitado que falleció de tifus.
Aquellos fueron años de hambre en Adana, de los que logró escapar en 1919 junto a su madre y sus dos hermanas en un barco hasta Chipre, donde fueron acogidos en un orfanato británico de Limassol para refugiados armenios. De aquella época Simon guarda un gran recuerdo del director de la institución inglesa – "Nunca he conocido a un hombre con tanta humanidad"- y el himno británico, el "God save the King" (Dios Salve al Rey), que todavía canta en honor a Jorge V, el abuelo de la actual reina Isabel II.
Al estallar la II Guerra Mundial fue reclutado como camillero en el IV Batallón de Ametralladoras de la Armée Française. El ejército francés sucumbió a la "Blitzkrieg", la guerra relámpago planteada por Hitler, al que le bastó poco más de un mes para aparcar sus blindados a la sombra de la Torre Eiffel.

Capturado hace 70 años
La unidad de Mahdessian fue capturada por los alemanes el 18 de junio de 1940, hace justo ahora 70 años (hoy en día 72), en el mismo día en el que el general De Gaulle lanzaba desde los micrófonos de la BBC de Londres su célebre llamamiento a la resistencia del pueblo francés tras la derrota y la invasión nazi.
Junto a decenas de miles de prisioneros de guerra franceses, Simon fue deportado a Alemania y obligado a trabajar como esclavo en el camp0 de concentración de Dessau, uno de los 174 subcampos del complejo de la muerte de Buchenwald. "Un prisionero, es un prisionero", cuenta cuando se le pregunta por su cautiverio. "Nos obligaban a trabajar gratis y, al mínimo gesto que hacíamos mal, nos pegaban".
Las SS quisieron reclutar a los armenios presos para combatir el Ejército rojo en el frente de Rusia, "pero yo y muchos otros, la mayoría, nos negamos". "Nosotros somos prisioneros de la "Armée Française" y nos quedaremos con el resto de soldados de Francia", les dijimos.
Simon cuenta que desde que llegó al campo de Dessau sólo tuvo una idea en la cabeza: "Escaparme como fuera". Tardó dos años en cumplir su sueño, pero lo logró. Aprovechó su destino en el taller de costura para hacerse un traje de civil a base de hurtar retales de ropa y en una de las salidas para trabajar fuera del campo vio su oportunidad. Consiguió subirse a escondidas a un tren que partía hacia Aquisgrán, junto a la frontera con Bélgica y Holanda, con el único equipaje de una dirección en la ciudad belga de Eupen Malmedy que le había dado otro prisionero.
Simon luce con orgullo las cuatro medallas que le ha concedido este año el Gobierno francés -como Antiguo combatiente, Evadido, Reconocimiento de la nación francesa y otra conmemorativa de la II Guerra Mundial- así como el escudo de plata que le ha impuesto el Ayuntamiento de Bétera con motivo de su 103 cumpleaños.
Una pechera que pronto se le puede quedar pequeña, ya que según Denise, "el general Jean-Pierre Beauchesne -secretario general de la Federación de Antiguos Combatientes de Francia Residentes en el Exterior – ha solicitado para mi padre la Legión de Honor, la más alta condecoración francesa".

Días felices en Francia antes de la ocupación

Simon, al igual que otros muchos integrantes de la diáspora armenia, encontró refugió en Francia, donde gracias al oficio de sastre que había aprendido en el orfelinato británico logró abrirse camino. Los comienzos fueron duros: "Cosía de 18 a 20 horas al día a la luz de una lámpara de petróleo en una barraca de una sola habitación". "Para dormir, tenía que poner el colchón encima de la mesa de trabajo y recogerlo por la mañana", añade. Esta segunda vida en Francia comenzaba a sonreírle. En 1936 se casó con otra refugiada armenia, Zépur Hagopian, con la que compartió su vida hasta que falleció el año pasado. En marzo de 1939 nacía Denise, la mayor de sus cuatro hijos. Pero todo se volvió a torcer el 1 de septiembre de 1939 con el estallido de la II Guerra Mundial. Denise, la hija con la que vive desde hace seis años en Bétera, apenas tenía seis meses cuando París decretó la movilización general. "No nos consideraban ciudadanos franceses, pero para ir a la guerra si que éramos franceses", cuenta con ironía Simon. r. m. bétera

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