LA COSA MÁS IMPRESCINDIBLE

Avetík Isahakyan

Redacción por www.armspain.com

Había una vez, en un maravilloso país de Oriente, un rey sabio y justiciero que tenía tres  hijos. Ese rey, al sentirse ya anciano, quiso entregar en vida el manejo de su gobierno al hijo que demostrara tener mayor capacidad en tan difícil tarea.

Entonces,  un día los reunió y les dijo:

“Queridos hijos, ya ven que vuestro padre ha envejecido y no está en condiciones de continuar gobernando el país. Hace ya tiempo que podría haber dejado el trono, si hubiera podido realizar la idea que me preocupó durante años. Pero ahora, aquél de vosotros que más sabiamente logre realizar esta idea recibirá mi corona y gobernará mi pueblo”.

-Que viva por muchos años nuestro querido padre –respondieron los hijos-; para nosotros es santa su regia voluntad.  ¿Cuál es ese asunto importante que no ha podido resolver vuestra ilustre mente?

-Hijos: habéis  visto ese amplio y enorme sótano que hace tiempo mandé construir. Bien: mi idea era llenarlo con algo que fuera lo más imprescindible del mundo, y con ello poder hacer feliz a mi pueblo. Ese depósito todavía se encuentra vacío. Aquél de vosotros que consiga llenarlo de punta a punta y en todos sus rincones con la cosa más imprescindible en el mundo, será digno de mi corona.

Tomad de mi tesoro todo lo que necesitáis y ved en distintas direcciones a recorrer los caminos, las ciudades y los países de mundo; buscad hasta encontrar la cosa más imprescindible y volved con ella a llenar mi sótano. Les doy plazo hasta tres veces cuarenta días. Los hijos besaron la mano de su padre y emprendieron viaje.

Por tres veces cuarenta días recorrieron todos los caminos, de ciudad en ciudad, de país en país, se entrevistaron con distintas personas y vieron diferentes costumbres, y, cumplido el plazo, se presentaron ante su padre.

-Bienvenidos sean mis valerosos hijos dijo el rey-; espero que hayáis encontrado y traído al palacio lo más imprescindible en el mundo.

-Sí, lo hemos encontrado, querido padre –respondieron los hijos. Entonces, el padre se dirigió con sus tres hijos hasta la puerta del sótano, donde también se había reunido la gente del palacio y numeroso público. Y, abriendo la puerta, llamó a su hijo mayor, diciéndole:

-¿Con qué puedes llenar ese enorme sótano, querido hijo, que sea  lo más imprescindible en el mundo?

El hijo mayor, sacando de sus bolsillos un puñado de trigo, lo mostró a su padre, diciéndole:

-Puedo llenar con pan este voluminoso sótano, apreciado padre. ¿Qué hay más indispensable que el  pan? ¿Quién puede vivir sin pan? Recorrí muchas tierras, vi muchas cosas y no encontré nada más imprescindible que el pan.

Seguidamente, el padre llamó a su segundo hijo, diciéndole:

-¿Con qué puedes llenar ese sótano, querido hijo, que sea lo más imprescindible del mundo?

Y el segundo hijo, sacando un puñado de tierra de sus bolsillos, lo mostró a su padre, diciéndole:

-Llenaré con tierra este amplio sótano. ¿Qué es más imprescindible que la tierra en el mundo? Sin tierra no hay pan. ¿Quién puede vivir sin tierra? Recorrí el mundo, vi muchas cosas, pero no encontré nada más necesario que la tierra.

Luego, el padre llamó a su hijo menor y le hizo la  misma pregunta. En ese momento, el hijo menor se acercó con paso firme a la entrada del sótano y, entrando en él, sacó de su bolsillo una pequeña vela y la encendió.

Todos creyeron que, con la luz de la vela, el príncipe quería examinar mejor el sótano, para apreciar su volumen.

-Dime ya, hijo, ¿con qué vas a llenarlo? –preguntó el padre impaciente.

-Llenaré con luz este enorme sótano, sabio padre, con luz solamente. Recorrí  el mundo, visité muchos países, pero no encontré nada que fuera más indispensable que la luz. La luz es lo más imprescindible en el mundo. Sin luz, la tierra no produce pan; sin luz, no podría existir vida sobre la tierra. Caminé mucho, recorrí muchos países y llegué a la conclusión de que la luz de la sabiduría es la más imprescindible, y solamente con la luz de la sabiduría se puede gobernar al mundo.

-Bravo –exclamó el padre con alegría-. Tú mereces mi trono y mi corona, ya que habrás de colmar con luz y sabiduría mi reino y las almas de sus habitantes.

-¡Viva nuestro joven y luminoso monarca! –aclamaron con entusiasmo los palatinos juntos con todo el pueblo.

Armenia a través de sus leyendas

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BREVE HISTORIA DE LA LITERATURA ARMENIA

Selección y traducción por

JORGE SARAFIAN

 

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