La contribución del genocidio

N. Lygeros

Traducción al español de Eduardo Lucena González, Olga Raptopoulou

Tout notre héritage culturel est le fruit des apports de toutes les nations. Nous comprenons ceci d’autant mieux lorsque nous pensons combien appauvrie eût été notre culture si les peuples condamnés par l’Allemagne n’eussent point été capables, tels les Juifs, de créer la Bible ou de donner le jour à un Einstein, à un Spinoza; si les Polonais n’eussent été à même d’offrir au monde un Copernic, un Chopin, une Curie; si les Tchèques n’eussent produit un Huss, un Dvorak; si les Grecs n’eussent donné un Platon ni un Socrate; si les Russes n’avaient offert au monde un Tolstoï et un Rimski-Korsakov; les Français un Voltaire, un Montesquieu, un Pasteur; les Hollandais un Erasme, un Grotius et un Rembrandt; les Belges un Rubens et Maeterlinck; les Norvégiens un Grieg; les Yougoslaves un Negosti; les Danois un Kierkegaard.

Raphaël Lemkin
 
Si un genocidio contribuye a algo eso es, sin duda, a la conciencia de la pérdida. Sin embargo, la pérdida tiene que ser perceptible e imaginar su descripción tangible, en el caso de que haya sucedido. Incluso en el margen de nuestra lucha por el reconocimiento del genocidio olvidamos a menudo darnos cuenta de la ausencia de aquellas personas que no nacieron nunca debido a la muerte de sus antepasados. Pensamos especialmente en unas personas, algunas veces personas concretas, siempre y cuando sepamos sobre su obra y su contribución al desarrollo de la Humanidad. Pero ¿quién entre nosotros piensa en las personas que no tuvieron esta posibilidad? La respuesta es muy fácil: Raphaël Lemkin. Se trata del creador de la noción de la palabra “genocidio”. Pero él lo profundiza más. Mediante sus escritos nos muestra el camino humano privado de la voz en la sociedad del olvido. Separa de las naciones sus frutos para donarlos a toda la Humanidad. Por lo tanto, las personas son regalos para la Humanidad. En este margen nuevo, la noción del genocidio obtiene una nueva dimensión que paralelamente incumbe a la negación del genocidio. Los genocidios ya no son unos hechos aislados en el tiempo con impacto local, a pesar de su horror. Se trata de un crimen que se perpetúa al pasar el tiempo siempre y cuando no esté reconocido. Y esta es la razón por la que un crimen tal contra la Humanidad sigue siendo tan abominable. Porque no deja de herir a la Humanidad. Esta se encuentra en la posición de la madre destruida por el bárbaro que le arrebató a su hijo para decapitarlo. El crimen se concibe dejando un estigma indeleble a lo largo del tiempo y por la incapacidad del niño de preservarse en la memoria de su madre eviscerada. Por eso el asesinato cometido es doble. No consigue sólo la herida sino su permanencia. No se limita sólo a lo simbólico, sino que anhela la estigmatización también. La crucifixión no es suficiente para el verdugo porque tiene miedo de la resurrección. La problemática sobre el genocidio estriba en la duración de la acción, siempre y cuando tendamos a considerarlo como un simple hecho. Es que nos olvidamos de los descendientes de las víctimas y sobre todo de su posible contribución a la evolución de la Humanidad. Esto es lo que el texto de Raphaël Lemkin nos recuerda. Al darnos los nombres de los seres humanos que ayudaron a la Humanidad, nos hace comprender de manera tangible la pérdida que representa el genocidio para la misma. Además, nos permite darnos cuenta de que no incumbe sólo a la Humanidad del presente sino a la del futuro, que no tendrá la oportunidad de nacer, vivir, crear. Raphaël Lemkin insiste mucho en este hecho para que podamos comprender la importancia de la condena de este crimen contra la Humanidad. Por otra parte esto nos indica que no podemos limitarnos al reconocimiento. Es necesario pasar a la fase de penalización para condenar a los que querían decapitar al niño aun cuando la madre fue ya eviscerada. Por lo tanto el reconocimiento no puede constituir sino el primer paso en el proceso de reparación, ya que el crimen fue cometido a través del tiempo. Por eso el problema verdadero del genocidio, en dimensiones humanas, no es su historicidad, ya que es indiscutible, sino el rasgo diacrónico mediante el genocidio de la memoria. El crimen contra la Humanidad no tiene lugar sólo en contra de los que fallecieron sino, sin duda alguna, también contra los que vendrán. Esto es lo que siempre debemos tener en cuenta al examinar el genocidio y esta es su contribución.

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