HISTORIA Y GEOGRAFIA DE TURQUÍA SEGÚN EL MUNDOVIAJES.ES

Turquía se halla situada a caballo entre los continentes europeo y asiático aunque tan sólo un 3% del territorio turco se encuentra en Europa. Esta zona europea se corresponde con una región de tierras bajas y fértiles llamada Tracia, cuyas únicas montañas destacables son las de la cordillera de Istrandja Dagh que bordea la costa.

Esta zona está separada del lado asiático por el estrecho del Bósforo, un estratégico brazo de agua que conecta el Mediterráneo con el mar Negro.

La mayor parte del territorio turco pertenece a Asia y recibe el nombre de Anatolia o Asia Menor, cuya orografía se compone, principalmente, de mesetas rodeadas por montañas. En esta parte asiática, y a grandes rasgos, encontramos: al norte, y lindante con el mar Negro, las montañas del Ponto; en el centro, las agrestes mesetas centrales casi desérticas y, al sur, las montañas meridionales con los montes Tauro como puntos culminantes.

Las impresionantes montañas del Ponto alcanzan alturas de más de 3.600 metros y los montes Tauro se elevan hasta alturas que rozan los 3.000 metros. Estas dos cadenas montañosas forman dos impresionantes brazos que estrechan la ondulante geografía de toda la meseta central, que tiene una altitud media de 800 metros y que llega en algunos puntos a alcanzar los 1.200 metros.

En esta zona central se encuentran las cuencas del lago Tuz y del río Konya; el valle superior del Sakarya; el Eskisehir y el Afyon. Este lugar, junto con los campos de cereales de Tracia, en la parte europea, forman uno de los sitios más fértiles de Turquía y suponen la verdadera espina dorsal de la agricultura del país.

En el oeste del país se encuentra la zona montañosa de Anatolia occidental, que con sus profundos y fértiles valles desciende hacia las costas del Egeo y el Mediterráneo. Es ésta una región de cultivos intensivos donde se alzan muchas de las principales ciudades turcas, como Éfeso, Bodrum o Izmir.

En el este, cerca de la ciudad de Dogubayazit, en la frontera con Irán y Armenia, se alza el bíblico monte Ararat, el pico más alto de Turquía, con 5.185 metros de altura. En el centro del país, situadas en la meseta central, dos cadenas montañosas se entrelazan formando las elevadas tierras de pastos de la antigua Armenia y el abrupto paisaje montañoso del Kurdistán, las montañas Toro y las del mar Negro.

Turquía es también zona de abundante actividad sísmica, y en las montañas y tierras altas de Asia Menor abundan los volcanes y son frecuentes los terremotos. El mismo monte Ararat es un volcán extinguido.

Muchas formaciones orográficas de la meseta central tienen en el vulcanismo su origen natural. Esta actividad geológica ha dado lugar a muchas formaciones rocosas que, debido a la erosión, adoptan curiosas y extrañas formas. Tal vez las más famosas y visitadas por el turismo sean las formaciones rocosas en forma de cono que se encuentran cerca de Göreme, y que en tiempos alojaron a comunidades cristianas.

Esta constante actividad de la naturaleza ha dibujado de una manera singular toda la orografía del país, conformando lugares sumamente peculiares; tal es el caso del lago Van, la mayor masa de agua del país, que se formó a consecuencia de una gran erupción volcánica que impidió la salida de lo que ahora es el fondo del lago. Sus aguas son de un intenso color turquesa y, pese a su belleza, apenas alberga vida por su elevado índice de salinidad.

La abrupta orografía de la meseta central, con sus cordilleras y macizos montañosos, dificultan enormemente las comunicaciones en el centro del país, sobre todo en invierno, cuando la nieve hace su aparición y provoca, en muchas ocasiones, que los distritos orientales queden aislados del resto del país.

Tal vez el mejor modo de descubrir el majestuoso paisaje turco en todo su esplendor sea atravesando la península de Anatolia de norte a sur por su parte más ancha, desde las laderas boscosas del mar Negro a las costas mediterráneas. Este viaje a través de las altas montañas del Ponto y el Tauro y de las casi desiertas mesetas centrales permite comprobar hasta qué punto es cambiante y magnífico el paisaje turco.

 HISTORIA
Los primeros vestigios de civilización en Anatolia datan de hace más de 8.000 años, cuando algunas tribus nómadas pasan a convertirse al sedentarismo con la agricultura como actividad principal. Pero, realmente, los primeros datos fidedignos de la historia de Turquía llegan con los hititas, un pueblo guerrero, que hacia el año 1500 a. C. dominaba todo Oriente Próximo. Fue sobre el año 1200 a. C. cuando los tracios acabaron definitivamente con este imperio.

Los urartios, enemigos de los asirios, sustituyeron a los hititas y desarrollaron su imperio cerca del lago Van. Otros pueblos que se establecieron en algunas partes de Anatolia fueron los frigios , los licios y los persas. Estos útlimos acabaron por dominar gran parte de la península.

Posteriormente, los griegos fueron estableciendo ciudades muy importantes que aún se conservan en la actual Turquía, como Esmirna o Éfeso. En el año 500 a. C. estás deciden unirse a Mileto y a Priene para fundar la federación de ciudades jónicas. Tras la caída de Mileto en el 494 a. C. comienza el declive de la federación. En el año 333 a. C. Anatolia fue conquistada por Alejandro Magno. A su muerte, los generales que habían luchado a su lado se reparten el territorio de Asia Menor, que pasa a formar parte del Imperio Romano.

En el año 330 a. C. Constantinopla -antigua Bizancio- pasa a ser la capital del Imperio Romano de Oriente por orden del emperador Constantino el Grande, hasta que en el año 1071 d. C. los turcos selyúcidas, de religión musulmana, derrotan al ejército bizantino en la batalla de Manzikert ocupando así Anatolia.

Los turcos selyúcidas, que procedían del Asia Central, fundaron tras el triunfo su propio imperio y designaron como capital del mismo la ciudad de Konya (Iconium), situada al sur de Anatolia. Este imperio mantuvo su pujanza hasta 1243, año de la derrota sufrida a manos de los cruzados cristianos en la Anatolia Occidental. La caída de los seyúlcidas se debió, en parte, a los invasores mongoles mandados por Gengis Khan, que tras numerosas incursiones diezmaron y debilitaron el imperio. Los mongoles conquistaron Asia Menor y disgregaron el territorio en pequeños principados.

Del principado de Eskisehir parte una nueva invasión que poco a poco se irá haciendo con toda la costa. Estos eran los otomanos, una tribu turcomana procedente del norte de Anatolia, que con su líder Otomán y sus posteriores descendientes fueron ampliando su territorio y fundando el Imperio Otomano. En 1453, Mehmet II el Conquitador tomó Constantinopla y la convirtió en la capital del Imperio Otomano.

A partir de aquel momento continuaron las conquistas hasta llegar a su cénit durante el reinado del sultán Solimán el Magnífico (1520-1566). El Imperio, en aquellas fechas, se extendía desde Marruecos hasta Persia y desde Hungría hasta Yemen. Era sin duda el imperio más poderoso de su tiempo. Los califas reinaron durante casi 600 años con un sistema político abierto donde se permitían distintos tipos de religión y lengua.

Sin embargo, en la famosa batalla de Lepanto (1571), la victoria de la escuadra naval de las potencias europeas sobre las naves otomanas marcó el lento pero inexorable declive del imperio, que pese a todo, todavía pudo conservar algún territorio en Europa hasta el siglo XIX. Por otra parte, las sucesivas guerras y la constante pérdida de territorios provocó el caos económico y, finalmente, la desintegración del imperio.

En el siglo XIX, el Imperio Otomano estaba en franca descomposición interna, situación que aprovecharon naciones como Grecia, Rumanía, Serbia y Montenegro, para liberarse del poder otomano y obtener algunos territorios adicionales.

Por su parte, Austria, Inglaterra y Rusia se repartieron también varios territorios y plazas fuertes, desmembrando todavía en mayor medida el imperio. El Congreso de Berlín de 1878 consagró esta desintegración y redujo notablemente el poder de Turquía. Las potencias europeas además incrementaron su influencia en la zona de Asia Menor buscando, sobre todo, el control del estratégico paso del Bósforo. Algunos sultanes, para paliar esta situación, intentaron frenar la descomposición mediante algunas reformas. Sin embargo los intentos no tuvieron demasiado éxito.

Como consecuencia de toda esta situación, a finales del siglo XIX comenzaron los primeros movimientos nacionalistas que desembocaron en la toma del poder en 1908 por el grupo de los «Jóvenes Turcos», poniendo fin a la dominación extranjera.

La intervención del país en la Primera Guerra Mundial al lado de Alemania y del Imperio Austro-húngaro, en un intento de recuperar la grandeza del Imperio Otomano, tuvo resultados realmente desastrosos y terminó por provocar su caída definitiva y su reparto entre las tropas aliadas. Algunas zonas, como Esmirna, fueron sometidas al control griego.

Tras la firma del tratado de reparto de territorios, tropas griegas con apoyo aliado desembarcaron en Esmirna y penetraron en tierras anatolias. Mustafá Kemal, el héroe de defensa de Gallipoli durante la Primera Guerra Mundial, levantó en armas el país (Guerra de Independencia 1919-1922) y consiguió tras cuatro años de lucha explusar a los griegos. Kemal, rebautizado como Ataturk «padre de los turcos», que había firmado un gobierno provisional en 1920, se convirtió en 1923 tras la firma del Tratado de Lausana, en el presidente de la nueva República de Turquía.

Ataturk transformó Turquía en un Estado moderno y laico. Expulsó del país a los armenios y posteriormente, conquistó el Monte Ararat, símbolo sagrado en Armenia. Rompió con la tradición islámica a la que despojó de su condición de religión del Estado, prohibió la poligamia, introdujo el alfabeto latino en sustitución de la escritura árabe, instauró la igualdad de hombres y mujeres ante la ley y adoptó un nuevo código civil. En definitiva, distanció a Turquía de Oriente.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Turquía fue un país neutral, aunque a finales de la contienda declaró la guerra a Alemania y a Japón. En 1951 entró a formar parte de la OTAN.

En la actualidad, Turquía se sustenta bajo un sistema pluripartidista, aunque el ejército sigue siendo un eje importante sobre el que se asienta la herencia de Ataturk, y lo demuestra el hecho de que en los años 1960, 1971 y 1980 haya tenido que intervenir de manera decidida para mantener el orden del país.

El problema kurdo ha estado muy presente. Los kurdos han sido perseguidos, exterminados y rechazados en diversos países como Turquía, Irán o Iraq. Han sido protagonistas de numerosos conflictos por su profundo sentir nacionalista.

En 1963 y 1964, Turquía sufrió roces políticos graves con Grecia a causa de la cuestión chipriota. En 1974 invadió el norte de Chipre produciéndose la partición de la isla y creando la República Turca del Norte de Chipre, sólo reconocida por Ankara.

Hoy en día, Turquía apuesta de manera decidida por el progreso y aunque mantiene estrechos compromisos con otras naciones islámicas del Oriente Próximo, también es miembro del Consejo de Europa y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Por otro lado, pretende entrar a formar parte de la Unión Europea y está en vías de conseguirlo.

Este estrechamiento de lazos con Europa tiene su vínculo más significativo en los emigrantes que, desde los años sesenta, se han desplazado a países como Alemania formando una comunidad pujante y dinámica.

Presten atención que dicen sobre el monte Ararát y sobre los armenios.

Y en el mapa ni está el pais vecino Armenia.

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