Especial para Armspain News EL IDIOMA ARMENIO CONVOCA A QUIENES SE SIENTEN ARMENIOS

escribe: Garabed Arakelian*

A mediados del pasado mes de abril llegó a mi conocimiento una “invitación a firmar un petitorio para la defensa del armenio occidental”, que  en un breve texto explicaba la razón de dicha iniciativa en estos términos:”Todas las lenguas forman parte de los valores humanos universales, incluso de los Derechos del Hombre. La lengua armenia occidental está en peligro de rápida extinción y requiere de una defensa efectiva para la protección de su valor como lengua hablada. Este es un trabajo difícil y complejo, que es posible realizar solo mediante una gestión multilateral.Entre otros procedimientos, la salvaguarda de una lengua puede realizarse a través de entidades internacionales de defensa de la lengua y la cultura, con la presentación de firmas.”

 Considero que es una preocupación válida y que debe ser encarada en toda su complejidad, pues va más allá de lo lingüístico. Como el tema me interesa muchísimo y ha sido y es motivo de mi preocupación, recurro a un artículo que publiqué en el año 2009 con el título “En el cementerio de las lenguas, ¿hay un nicho para el armenio?” y  del cual tomaré algunos párrafos para armar el  hilo conductor del presente artículo.

Las distintas versiones de Babel

A lo largo de milenios los pueblos mantuvieron escasos contactos entre ellos, al punto que la mayoría mantenía una ignorancia recíproca. Por el contrario, en la actualidad se está dando un fenómeno que no tiene antecedentes históricos, y es que ahora todas estas lenguas, que estaban hasta hace poco distantes unas de otras, han entrado en contacto a través del fenómeno de la globalización. Griegos y romanos, persas, asirios y mongoles entre otros, y sólo para citar algunos, crearon esos contactos mediante invasiones guerreras que, pese a ello, no llegaron nunca a convertirse en una expresión global. La política de expansión y dominio llevada adelante por los europeos hizo que las lenguas y las culturas entraran en un contacto mucho más estrecho, pero siempre a costa de los valores de quienes eran dominados: cuando los españoles llegaron a México, existían 170 lenguas vivas, hoy sobreviven apenas 60.

Encuestas recientes, relacionadas con este tema, dicen que en las escuelas de las principales ciudades de España se hablan hoy casi medio centenar de lenguas distintas, en tanto que en Londres o Nueva York –por citar solo las más relevantes- llegan a 200 manifestaciones diferentes -muchas veces indescifrables para quienes no son iniciados- resultado de un inevitable mestizaje que no siempre garantiza la sobrevivencia de lo mejor, en términos lingüísticos, culturales y de sus consecuencias.

Los sociolingüístas sostienen que para sobrevivir las lenguas necesitan un mínimo soporte demográfico, pues de lo contrario están condenadas a desaparecer. Advierten  que aproximadamente el 90% de las lenguas existentes están en esa condición deficitaria y eso significa que el 95% de los lenguas sobrevivientes son habladas por apenas el 5% de la población.

En esta realidad, hay una lengua emergente, de alcance global a través de Internet : se trata del inglés que se habla en Estados Unidos, y que por ser el idioma que domina dicha tecnología es la que crea neologismos y giros idiomáticos adecuados. La condición de lengua de país dominante a escala global, le brinda en principio ese poder. Así, ha logrado desplazar al francés en casi todos los planos de la actividad internacional. Pero también en lo interno, Francia, un país considerado hasta hace poco monolingúístico, ya está dejando de serlo. Estados Unidos –y también Rusia, particularmente en la época de la Unión Soviética – eran considerados como “enterraderos” de lenguas, ya que allí, éstas perdían a sus portadores en el proceso de asimilación.

España por ejemplo,  no logra imponerse hegemónicamente con su idioma oficial dentro de sus fronteras, pues tiene vigente aún las reivindicaciones lingüísticas de catalanes, gallegos y vascos que luchan por mantener su identidad .Y como si eso no fuera suficiente, la fuerte corriente migratoria, no siempre hispanoparlante, comienza a marcar presencia. Y éste puede ser un buen campo de estudio y análisis para el idioma armenio.

La nueva diáspora del idioma armenio

En España ya se contabilizan en miles los armenios provenientes de Líbano, Siria, Palestina, Israel y otros lugares, que son portadores, generalmente, de un segundo idioma y hasta de un tercero, y que hablan un armenio no exactamente igual al que hablan sus paisanos llegados de la República Armenia, que son en su absoluta mayoría armeno parlantes que además traen en su portafolio el idioma  ruso.

En síntesis, los armenios, más allá de los idiomas complementarios que portan y de los que tienen que incorporar según sea su lugar de asentamiento, deambulan por el mundo y viven su diáspora manteniendo dos versiones del mismo idioma armenio.  Es así, no sólo en España y otros países de Europa, sino también en Canadá, USA y toda América Latina.

Ya tienen iglesias y también escuelas, que es lo primero que hacen los armenios en su larga y accidentada práctica diasporiana. Pero ahora deberán preguntarse cuál de esas dos versiones deberán enseñar y practicar en sus escuelas y en sus actos patrióticos, religiosos, culturales y sociales. Si competirán para anularse o se sumarán para enriquecerse, no en detrimento de una de ellas, sino en favor del idioma y sus consecuencias.

Para responder estas interrogantes será imprescindible recordar, tener muy presente y valorar, para qué sirvió la invención del alfabeto armenio, su preservación, difusión casi clandestina durante siglos bajo la opresión otomana y también porqué y cómo, al ritmo cambiante de la historia y su horizonte, los visionarios del pensamiento y de la acción, comenzaron, en el siglo 18, el proceso de sustitución del “crapar”- aquella versión primera, y ya antigua en ese momento, del idioma armenio- para hacer eclosión con nuevas formas y expresiones idiomáticas y literarias, que tomaron el habla común de la casa y  la calle, para convertirlo en el prodigio de lengua que es el idioma armenio actual en cualquiera de sus dos versiones.

El aporte de los lingüistas coincide en sostener que la lengua es un componente fundamental de la cultura y la sociedad de sus hablantes. Es a través de ella, sostienen, que se manifiesta su sistema filosófico y los valores que la nutren y sostienen. Concluyen que la lengua es una visión del mundo exterior e interior, algo basado en la manera de contemplar el mundo material y espiritual que los rodea.

Vale la pena analizar someramente lo más visible y superficial de esta diversidad y su manifestación: mientras el armenio oriental, es el idioma oficial de la República de Armenia, el armenio occidental no tiene ese respaldo y está –desde hace un siglo o mas- sometido a las presiones de las diversas culturas e idiomas en las que se desarrolla.

El idioma armenio oriental se desarrolló bajo la influencia del ruso y en particular, durante el período soviético, se realizaron modificaciones en su gramática y ortografía original, lo cual, junto con la adopción de determinada tipografía que la caracteriza, profundizaron y consolidaron las diferencias entre ambas expresiones idiomáticas. Pero aún así, los hablantes se entendían y los lectores también.

 En contrapartida, fue en el Líbano, como populoso centro armenio, donde se  desarrolló, después de 1915, un sólido entretejido socio-cultural que se convirtió en núcleo de conservación y enriquecimiento de la versión occidental del idioma, al punto que difundió su influencia sobre el resto de la diáspora, promoviendo la aparición de notables escritores y poetas.

Pero en las últimas décadas se han producido importantes modificaciones: la importancia del Líbano y otros países del Medio Oriente ha disminuido como resultado de la inestabilidad e inseguridad política que se vive en esa región, provocando que una gran parte de las colectividades armenias que habitaban en ella, haya emigrado.

Estos nuevos emigrantes, que abandonan el Oriente y el Medio Oriente, se instalan en países donde ya existen comunidades armenias. Allí, se encuentran con sus raíces idiomáticas pero también con una forma distinta “de mirar y entender el mundo” por parte de sus propios compatriotas que se han desarrollado  conviviendo con la población del país que los recibe ahora. Y además, encuentran que no están solos en ese empeño: otros compatriotas, pero llegados de Armenia, están también allí con su particular mirada y entendimiento  del mundo, relacionándose con la misma colectividad, aportando esas características singulares y, especialmente, su idioma armenio oriental.

Cuando se plantean estos temas, los entendidos dicen que no hay que dramatizar porque al final todos se entienden. Claro que sí, se llegan a entender cuando piden un vaso de agua o se saludan. Pero el problema no es tan fácil y doméstico ya que el idioma debe expresar otras complejidades del pensamiento y el espíritu del ser humano.

¿Oposición o fusión e integración de los idiomas?

Esto por sí solo ya debe ser motivo de preocupación, pero el tema se hace aún más complejo si se advierte que antes, en las colectividades de la diáspora, se valoraba el dominio del armenio occidental, pero ahora, quienes conocen y dominan el armenio oriental, que es su idioma materno y natal,  tienen preeminencia porque se expresan en el idioma oficial. Y como es lógico: para comunicarse con Armenia hay que hablar el armenio que se habla en la República.

Es esto todo un tema, grave y preocupante, que va más allá de lo lingüístico y que amerita preguntarse: ¿Cómo se abordará este problema?

¿Se procederá de manera tal que haya un “encuentro” entre ambas expresiones del armenio para que se unifiquen gradualmente  en un solo idioma, lo que duplicaría de manera efectiva el número de sus hablantes y multiplicaría la superficie de difusión y alcance del mismo, o se dejará que las “leyes naturales”, imponiendo la razón del más fuerte diluciden éste tema, corriendo el peligro de producir o ampliar enconos y sismas dentro de las colectividades y perder entre tanto, valores culturales que se deben rescatar, proteger e incluir en este proceso de integración de ambas expresiones idiomáticas?

El resultado debe ser el fortalecimiento de la unidad del pueblo armenio para que las exclamaciones que suelen oírse y leerse, de: “un solo pueblo, un solo idioma”, se corporicen y se hagan realidad. En ese sentido el idioma es, sin duda, un factor decisivo. Y si quienes deben trabajar en el terreno de la especificidad de los idiomas son los lingüistas, antes, la decisión debe partir de la conducción política.

Es muy probable que el estado armenio, con la expresión de sus funcionarios, con una concepción política  vinculada a sus años de experiencia histórica, considere el tema con una visión  hegemónica, de supremacía de un idioma sobre el otro, que definitivamente termina siendo una imposición, lo cual, por su carácter autoritario siempre levanta resistencias.

Es necesario  ampliar la visión para poder superar de manera positiva este encuentro de los “dos idiomas armenios” y abarcar en un todo su alcance político e histórico: los beneficios resultantes de un proceso de integración idiomática, se pueden anotar en una mejora de su calidad y de su capacidad de adaptación para asimilar la implantación de los adelantos tecnológicos que son logros esenciales en el proceso de la comunicación Ese logro, en expresiones compartidas, facilitará la comunicación entre sus hablantes y mejorará las señales de identidad  entre los armenios, motivará su participación y robustecerá su sentimiento de identidad con el pueblo que, en alguna dimensión le da sentido a su estada sobre la Tierra.

No es una tarea fácil, pero es posible e imprescindible.Necesitará de la buena voluntad y generosidad de todos los involucrados en muchos planos de actividad.

                                                                                       * Periodista y Docente.-Montevideo. Uruguay

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