Entre París y Ankara estalló un nuevo escándalo

Entre París y Ankara estalló un nuevo escándalo, en la víspera del debate el pasado 23 de enero en el Senado de Francia, sobre un proyecto de ley sobre que penaliza la negación del genocidio desatado por turcos contra armenios, en 1915. El primer ministro de Turquía, Tayyip Erdogan, acusó a Francia de genocidio del pueblo argelino. Su colega argelino, Ahmed Ouyahia pidió a Ankara que no se preocupara sobre el particular.


Además, París mantiene una pausa. Incluso hizo caso omiso del rebautizo de la calle en la que está ubicada la embajada de Francia en Ankara, que antes se llamaba París, y ahora se llama Argelia. París tampoco reaccionó a la información llegada desde Ankara, según la cual, cerca a la embajada francesa será erigido un enorme monumento a las víctimas del pueblo argelino. Se conoció también otra advertencia. La calle Charles de Gaulle será rebautizada, una vez que se encuentre el nombre de algún dirigente de la resistencia argelina a la colonización francesa, para perpetuar a memoria con la vía.

 

Y a pesar de que las autoridades de Turquía respondieron simétricamente a Francia por su propósito de penalizar la negación pública del genocidio de armenios por el Imperio Otomano, Ankara comete un serio error, afirma el profesor Alexander Sotnichenko, de la Universidad de Petersburgo.

 

Este es un error político de las autoridades turcas. Hace ya tiempo que Argelia y Francia superaron todos los asuntos de acusaciones recíprocas. Francia libró largo tiempo una guerra en Argelia. Este conquistó su independencia en una guerra de liberación que duró muchos años. Por lo tanto, este asunto ya no se plantea en sus relaciones. Las partes entablaron sólidas relaciones políticas, económicas y culturales y no se proponen someterlas a ninguna revisión. Mientras que el genocidio de armenios es uno de los asuntos más sensibles en Turquía. Fue poco menos que el escollo principal para su ingreso en la Unión Europea. Europa se pronunció ya en general: Turquía no será acogida en la Unión. Mientras que Nicolás Sarkozy quiera, una vez más sacarle brillo al euroescepticismo antes de las presidenciales.


El proyecto de ley sobre el castigo penal a la negación pública del genocidio de armenios pasó con vitoreas por la cámara baja del parlamento de Francia. Los políticos franceses necesitan sobremanera los votos de la comunidad Armenia, influyente en el país y la más numerosa en Europa. En Francia hay también muchos oriundos de Argelia. Y esa es una razón más de por qué París no reaccionó en absoluto a la respuesta simétrica de Ankara. Ella se vio obligada a guardar silencio y aparentar que no había ocurrido nada, apuntaba el politólogo Stanislav Tarasov.

 

Turquía decidió jugar la denominada carta argelina, pero de forma desafortunada porque Argelia logró repeler la jugada idóneamente. Francia no se meterá allí. Lo más probable es que los turcos sean repelidos por una serie de países árabes, y por Argelia en primer lugar. Si Turquía va a querer mañana dictar cátedra de democracia a Egipto, recibirá una respuesta de Egipto. Y esto es, a propósito, también válido para Túnez. Ellos darán a entender que no hay que jugar cartas ajenas. Y que mejor es resolver los problemas propios. Sobre todo cuando  la ola de reconocimiento del genocidio de armenios se propaga actualmente por Europa.


Durante la primera guerra mundial, el Imperio Osmámico, de la que es sucesora la Turquía contemporánea, combatió del lado de Alemania contra Inglaterra, Francia y Rusia. Fue estéril el intento de las autoridades del imperio obligar a los armenios a combatir a  su lado. Pues, estos respaldaban a Rusia. Posteriormente comenzó el exterminio sistemático de la población armenia. Como consecuencia pereció cerca de un millón y medio de personas, la mitad del pueblo armenio en aquel período. Turquía considera desmesurada esa cifra y asegura que aquello no fue un genocidio. Las pérdidas fueron de uno y otro lado, dice, y estarían vinculadas a la insurrección armada de armenios. Hoy en día, el genocidio sufrido por el pueblo armenio es reconocido por 20 países del mundo, Rusia incluido, y unas cuantas organizaciones internacionales.

 

Corresponsal de Armspain.com desde Madrid

Andy Hernández Martínez

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