EL PRIMER CIRUJANO ARMENIO GRADUADO EN ARGENTINA

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Nicolás Hermes

Luciana Aghazarian

Su apellido no termina en “ian” pero es un armenio nacido en Cesarea. Fue médico cirujano y se jubiló en el Hospital Fernández. En su profesión, tanto en la modalidad privada como pública, hizo de traductor y asistente de los armenios recién llegados que no dominaban el idioma y apenas tenían para comer. A los 95 años, con una memoria impecable, Nicolás Hermes cuenta su historia de vida. 

En pleno contexto de la Primera Guerra Mundial y en los inicios del proceso de aniquilación de la nación armenia por parte del Imperio Otomano, nació en 1916, en Cesarea, Turquía, Nichan Hurmuzian. El cambio de identidad llegará varios años después, en Argentina, y si bien parece controversial, él tendrá sus válidos motivos. Pero antes de emprender el largo camino a Buenos Aires, los Hurmuzian tuvieron la “suerte” de ser ignorados por la matanza planificada por los turcos. El padre de la familia, en su carácter de comerciante de telas costosas –incluso bordadas en oro– tenía dentro de su clientela a altos mandatarios del poder turco, lo cual le significó una cierta protección.

Así, los seis hermanos y la pareja armenia pudieron sobrevivir y evitar la tortura del camino por el desierto. En 1918 se mudaron y vivieron varios años en Constantinopla donde cada tanto recibían familiares que llegaban extenuados, casi sin vida, hasta que los rumores de ensañamiento racial por parte del líder de los genocidas Mustafá Kemal, los obligó a exiliarse. Intentaron dirigirse a Estados Unidos, pero como la visa era difícil de conseguir, optaron por Argentina donde residían dos familiares. Luego de un mes de viaje en barco, los Hurmuzian llegaron a Buenos Aires el 1° de mayo de 1924.

Una vez establecidos, empezaron a desenvolverse y hablar el español: “Juancito me hacían llamar para que fuera más fácil”, explica Nichan, que después optó por ser nombrado Nicolás. “En ese entonces, en Argentina, –explicauno era el gallego, otro era el tano y el resto eran rusos o turcos, no conocían lo armenio aquí”. Cada vez que lo llamaban así, el recuerdo del genocidio, la familia asesinada por parte de su madre, el sufrimiento de su pueblo, el exilio, se le clavaban como una daga en el corazón al futuro médico. Su decisión fue tajante: “Cuando terminé la primaria le pedí a mi hermano más grande que vivía en Estambul que me consiguiera y me mandara una partida de nacimiento nueva en la que me llamara Nichan Nicolás Hermes, para eliminar el Hurmuzian porque no quería que me dijeran ni ruso ni turco”, asegura con contundencia. De este modo, fue el único de la familia que abandonó el “ian” para –según explica– reivindicar, paradójicamente, su esencia armenia.

He mantenido el idioma y -aclara- tengo mi diploma de médico que dice Doctor Nicolás Hermes, armenio naturalizado argentino. Me querían poner turco en el diploma porque mi partida de nacimiento decía que nací en Cesarea, Turquía, pero me negué a recibirlo y logré lo que quería”, destaca quien se caracterizó desde pequeño por su perseverancia. Asimismo, permaneció cerca de la colectividad, tanto por su participación en la Catedral San Gregorio El Iluminador como por la fundación de la Liga de Jóvenes de la UGAB (Unión General Armenia de Beneficencia), donde también, luego, colaboró como médico.

Pero nada fue fácil para Hermes. Perdió a su padre cuando tenía diez años, con lo que tuvo que “salir a trabajar de cualquier cosa”. Mientras, apenas llegó a Buenos Aires, comenzó el primario que después de sortear varios obstáculos pudo terminar: “Cuando llegué me pusieron en Primero superior y al poco tiempo me pasaron a Primero inferior. De rabia el libro de lectura de Primero inferior  lo aprendí casi de memoria y en las vacaciones traté de practicar lectura y rendí examen libre en otra escuela para pasar a segundo grado. Lo que se quiere se puede, eso lo tenía por lema y tenía muchas ansias de superarme”, recuerda Hermes.

Terminó el colegio con excelentes calificaciones y, a pesar de que quería ser abogado, por consejo de sus maestros, siguió la carrera de medicina. En 1942 se recibió de médico cirujano, siendo el primer armenio graduado en Argentina de esa profesión. Durante el estudiantado, se ganaba la vida dando inyecciones; todavía quedan en los archivos del diario ARMENIA los avisos que publicaba el futuro médico en los que se ofrecía para hacer aplicaciones a domicilio. Comenzó como practicante en el Hospital Fernández y se jubiló allí como jefe de cirugía. “Como en la zona vivían muchos armenios, asistían en su mayoría al Fernández y yo hice de su traductor mucho tiempo, porque en ese entonces, pocos dominaban el idioma. Mis compañeros me decían: Ahí está un paisano tuyo y yo acudía para ayudarlos”. 

Además de trabajar en el hospital público, con mucho esfuerzo, Hermes logró tener su consultorio privado donde recibió y atendió gratuitamente a muchos integrantes de la comunidad que no tenían posibilidades económicas. “¿A qué armenio no habré operado?”, se pregunta con simpatía el hombre de 95 años que agradece tener tres hijos felices –Ricardo, que siguió su camino como médico, Enrique, que vive en Estados Unidos y Silvia-, tener salud, disfrutar de la vida y haber estado al servicio de la comunidad armenia con su profesión. 

Luciana Aghazarian

Fuente: http://www.diarioarmenia.org.ar/noticia.php?t=El-primer-cirujano-armenio-graduado-en-Argentina&id=421982f7ff8721a64b17eadcb3e423e4

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