El mito de la antigüedad de la lengua vasca

Epitafio de Alfa U Omega Modificado
FUENTE: http://blog.elenigmadebaphomet.com/
 
Jesús García Castrillo
 

Antes de empezar, quiero rendir reconocimiento y agradecimiento a los lingüistas vascólogos y no vascólogos, incluso —por qué no— a los que han falsificado documentos porque, con su trabajo tesonero, esparcieron las semillas de las que yo he podido cosechar las siguientes consideraciones:

 

Siempre se nos ha dicho que no existen blasfemias en idioma euskara. Ni siquiera se nombra a la divinidad en exclamaciones, exactamente igual que en idioma armenio. Para blasfemar, los vascos utilizan el idioma castellano donde abundan expresiones disfemísticas y procaces. Aparentemente, esta coincidencia no tendría importancia si no viniera acompañada de otras de mayor calado.

 

Ahora que entro en la “senectus”, inaugurando hoy la “jubilatio”, ya me puedo permitir toda clase de licencias estéticas, por eso, amigos y compañeros, voy a utilizar la blasfemia como recurso literario para enmarcar esta charla. Que nadie se alarme ya que será la blasfemia proferida con la mayor ingenuidad del mundo y sin ánimo de ofender a nadie.

 

Es la primera blasfemia pronunciada en castellano sin “cagarse” en nada ni en nadie. Simplemente os digo que el euskera no tiene más de ochocientos o novecientos años.

 

Recopilaba yo fotografías de códices antiguos con los que redactar mi novela “El enigma de Baphomet”, y encontré un escrito del siglo XIII, al que, en un principio, no le di importancia, pues nada añadía a lo que yo buscaba acerca de los templarios.

 

Después de varios años, he vuelto sobre la fotografía de aquel escrito. Tendría que retroceder sobre mis pasos rebuscando entre las migajas del camino recorrido por archivos catedralicios, para dar de nuevo con el documento original. Quizá en Burgos, quizá en Lerma o en alguna sacristía de un monasterio del antiguo Reino de Navarra, lo cierto es que se me quedó olvidado entre la ingente cantidad de legajos sin clasificar ni estudiar en los distintos baúles y estanterías de las que tanto polvo sacudí en mis investigaciones.

 

He transcrito la hermosa letra redonda germánica en un castellano del siglo XIII impecable. Y lo he traducido a castellano actual. Dice así el pergamino:

“Nos acompañaba el presbítero Benigno, emisario del obispo Mauricio, quien había vuelto hacía pocos lustros de la tierra de Nuestro Señor Jesucristo, no para realizar trabajos serviles, ya que no se manchó el hábito ni un solo día, sino para traducir, para entender a los canteros, levantadores de piedras, arrastradotes de piedras, pedreros; y trasladarnos sus pensamientos. Estos pedreros y canteros estaban preparados para comenzar las obras de nuestra santa iglesia. Habían llegado días antes desde Sicilia, pero venían de más lejos huyendo de sus enemigos como tantos otros que ya construían, como artesanos sutiles de la piedra, muchas otras catedrales en todos los reinos. Habían llegado por cientos a las costas de Francia, a los puertos franceses de Marselia y de La Ópida, y muchos de ellos con sus mujeres y con sus hijos. Muchos de ellos fueron bienvenidos a la corte de Fernán González. Eran afables y muy cristianos, muy devotos de la Virgen María, de San Bartolomé y San Tadeo, apóstoles de Jesucristo. Su hablar era endemoniado, parecía que ladraban en silencio cuando hablaban entre ellos. Pero sus piernas y brazos eran fuertes como las mismas rocas, de tantas piedras como habían subido a sus hombros potentes para colocarlas en los muros y fabricar los monasterios e iglesias, moradas del Señor de los ejércitos”.

 

Me lancé sobre este escrito con pasión y lo analicé con lupa, pues de otra manera dice que en los siglos X, XI, XII y XIII de nuestra era, —antes de ayer, hablando en términos de la historia de una lengua—vinieron a Francia desde el lago Sevan, cerca del mar Caspio, oleadas de armenios a construir las más de dos mil edificaciones religiosas, catedrales y monasterios, por la pujanza y riqueza que había adquirido en Europa el poder eclesiástico.

Traté de documentarme sobre la historia de Armenia y sus apóstoles evangelizadores Tadeo y Bartolomé, quienes, años antes que San Pedro emprendiera su largo viaje a Roma, ya ellos dos habían evangelizado las mesetas de Karahundg en Armenia. No es de extrañar que “El Libro de los Hechos de los Apóstoles” atribuya a un milagro del cielo, aprender, desde el arameo materno, aquellas lenguas caucásicas tan intrincadas y difíciles, a puro machetazo, sin libros de gramática ni pedagogía en el aprendizaje de idiomas.

 

Tenía ante mis ojos el documento del que se induce una blasfemia lingüística: rectificar a Koldo Mitxelena y toda la pléyade de vascólogos, quienes sostenían que el idioma vasco procede de un pan-vasquismo lingüístico universal y primitivo, y que se había quedado aislado desde tiempos inmemoriales en el rincón de las actuales tierras vascongadas, diversificado en tantas modalidades dialectales como verdes valles de Euskadi.

 

. Y detectaba substratos lingüísticos prerromanos en todos los pueblos en los que se hablaba su euskara querido. Detectaba raíces lingüísticas de los primitivos vascones, también otras palabras que las relacionaba con los pobladores Berones, con su capital Vareia cuyo nombre sobrevive en el nombre de la población actual de Varea con quienes lindaban inmediatamente los Vascones, y otras al lado de las sierras habitadas por los Várdulos, los Caristios, los Autrigones, los Pelendones y los Aquitanos, todos ellos hablando otras lenguas muy primitivas que, como en todas las riberas de los ríos de toda la Península Ibérica, dejaron substratos lingüísticos: palabras que perduraron en el latín vulgar de los romanos del siglo I

 

 

A pesar de todo, mi profesor Mitxelena siempre tenía la mosca tras de la oreja: a cada conclusión que llegaba le parecía contradictoria con la anteriormente investigada

 

 

Tanto los simplemente curiosos, como los lingüistas investidos con birretes doctorales, vamos caminando lentos aunque, a veces, a un afortunando como a mí, le acompañe la suerte de dar un paso gigantesco hacia delante, habiendo encontrado un escrito como éste.

 

A pesar de la evidencia, no quise que me ocurriera como a los vascólogos con las inenarrables “ostrakas” [1] de Iruña Veleia (“óstrakas” les llama el catedrático de la Universidad del País Vasco, Doctor Gorrochategui), el intento de engaño más burdo que alguien haya intentado; y se lo envié a mi amigo y compañero de carrera Iñaki  Ayestarán de ascendencia “vasca, vasca”, para que lo analizara, pues juntos habíamos seguido con pasión el descubrimiento  de las ostracas  con inscripciones falsificadas en las ruinas romanas de Iruña Veleia, con las que alguien había pretendido demostrar que el idioma vasco figurara falsamente como el idioma más antiguo de la tierra.

Me señaló dos detalles extraños:

 1) “… Francia…” ¿Existíría como tal nombre de Francia en el siglo XIII?

 2) “… cabe cibdades nomneadas Marselia iet Illa Ópida…”

 

Sin duda, “Ópida”[2] sólo puede referirse a la ciudad de la costa francesa “La Ciotat”. Pero que en el siglo XIII se conservara “illa” como el antecesor lingüístico del artículo determinado, y que a la ciudad de la costa francesa le llame “Ópida”, y además con una tilde perfectamente señalada, me han hecho permanecer alerta porque pudiera tratarse de la foto de un pergamino espurio.

 

De momento sólo contaba con un documento que, a pesar del aspecto primoroso en sus tintas rojas y azules, presentaba dudas de autenticidad. Así que, las falsas ostrakas de Iruña Veleia, y el pergamino del presbítero Benigno del siglo XIII en entredicho han resultado ser el punto de partida que apliqué a mi análisis intuitivo, pues sin ellos no se me hubiera ocurrido pensar sobre el origen del idioma euskara. Valoré el método intuitivo para plantear cualquier hipótesis y concluí que, como todo método, no es ni bueno ni malo en sí mismo sino en cuanto son buenos o malos los resultados.

 

Recordemos que el mismo Dante, en su obra “De vulgari eloquentia” reconoce, por pura intuición, el parentesco de las lenguas vulgares, francés, español, italiano, y provenzal, pero a la vez intuía que no podían proceder del latín —decía— porque el latín era una lengua creada artificialmente (a la manera como Koldo Michelena inventó el oficial idioma Vasco Batúa para las ikastolas), por los doctos oradores romanos; y por lo tanto no estaba sujeta a cambios —¡menuda intuición!—, intuición que cinco siglos más tarde, en el siglo XIX, los lingüistas comparatistas dedujeron con estricta metodología científica que procedían del habla burda de los soldados romanos, que mataban indígenas sin piedad allende montañas y mares, y secuestraban a las doncellas más hermosas.

 

A la primera intuición seguí añadiendo datos sacados de las distintas ciencias auxiliares, como la historia, la etología, la náutica, la navegación, la arquitectura, y la “gliptografía”, sobre todo la referida a las marcas de los canteros.

 

Por más que los vascólogos de las ostrakas intenten falsificar, nadie ha encontrado, y por intuición sospecho que nunca encontrará ni una palabra vasca en España, más antigua que la famosa glosa emilianense número sesenta, con la que se devanó los sesos Michelena y otros eruditos sin sacar conclusiones certeras, aunque, eso sí, llenas de fe y de creencia.

 

Puede ser que esa glosa emilianense[3] esté escrita en turco antiguo, o en cualquier otro idioma, y se trate de otra “ostraka”. Después de lo visto, ¿quién sabe…? Hay derecho a dudar de que sea euskera de la Edad Media. En todo caso, la antigüedad contrastada del códice donde se encuentra no va más atrás del siglo XI de nuestra era, o sea, que la glosa escrita en ese supuesto euskara, puede ser del XII o del XIII o, incluso, más tardío. Para concluir esto, no hace falta metodología matemático-científica: “glotocronológica” con ecuaciones diferenciales de Morris Swadesh, al que el maestro Eugenio Coseriu ya ha criticado con fundamento.

No obstante, y dicho entre paréntesis, a pesar de los pasos fallidos de algunos de los planteamientos del método Swadesh no es mi intención descalificarlo y prescindir de su aportación a la ciencia lingüística, porque sigue siendo útil para comparar las lenguas y abrir caminos que conduzcan a hipótesis válidas e, incluso, a concluir algunas teorías lingüísticas.

 

Durante mi último viaje por países asiáticos, cuando llegué a Armenia, me interesé por el idioma y probé si las cuatro palabras que conozco del idioma vasco, coincidían en la fonética y el significado con las correspondientes en idioma armenio. Deseaba comprobar por mí mismo, in situ, lo que me había enseñado hace casi cuarenta años el Dr. Pensado Tomé en las clases de la Universidad de Salamanca: la similitud del Vasco con los idiomas del Cáucaso. No era similitud lo que había, sino que eran iguales o con una diferencia mínima en la calidad vocálica de algunas palabras.

 

Al regresar a mi casa, repasé los libros y apuntes de la carrera y añadí otras lecturas de artículos que no conocía, sobre glotocronología y demás ciencias auxiliares de la lingüística actual. Repasé el “Vidos”, el “Coseriu”, y hasta el “Lausberg”, mis libros de texto; volví a reaprendérmelos de memoria como en nuestros viejos tiempos universitarios. Y leí todo lo que pude sobre el vasco y el armenio.

 

Y volví sobre el pergamino de marras, al que, cuanto más acercaba la lupa más se me desvanecía.

 

Seguí investigando y llegué a conclusiones sorprendentes, hasta que ya no me hacía falta mi pergamino, ya fuera verdadero, ya fuera falso. Sólo me había servido de él como punto de partida para despertar la chispa en cuanto al viraje que ha de tomar la senda de las investigaciones lingüísticas con respecto a la antigüedad de la lengua de Sabino Arana.

 

Como la posibilidad de que alguien, bromista o falsificador intencionado, haya introducido pergaminos falsos entre los archivos de las catedrales es altísima, habría que sentar  la hipótesis de que es falsa su antigüedad, por si acaso… lo que tenía que haber hecho mi profesor Koldo Mitxelena cuando le asaltaban dudas acerca de la antigüedad del idioma vasco. No obstante, siempre consideré que era un lingüista riguroso y honesto.

 

Entonces no se podía entrar a investigar en archivos y bibliotecas de la Unión Soviética, y mucho menos, habiendo sido cruelmente perseguido por el régimen de Franco, por lo que Mixtelena se urgía, a sí mismo, en confeccionar ese esperanto artificial del “Euskera Batúa”, aglutinando los rasgos, según se entresaca de mi escrito, del armenio, del georgiano y de otras lenguas kartvelianas, que trajeron los canteros medievales huyendo de los que, en el Cáucaso, los perseguían a muerte; y, sin embargo, en la actual Francia y norte de la actual España —no hace falta denominar con las subdivisiones medievales— eran considerados como dignísimos artesanos encumbrados socialmente, aunque a duras penas pudieran hablar unas palabras de latín, idioma que en esos siglos estaba derritiéndose en desgajamientos provenzales, aragoneses (entiéndase también catalán), leonés, gallego y castellano.

Yo me pregunté: ¿habrán perdurado en mayor cantidad en el armenio y georgiano de los cultos y organizados canteros medievales de los siglo X y XI?

 

Recordemos que únicamente las riberas de los ríos de toda la Península, con escasos vanos transitables entre las tupidas selvas, estaban pobladas por indígenas que, si bien solamente el reyezuelo vestía con pieles toscas y los súbditos desnudos, ya articulaban palabras tales como “rrasko”, “rruguiu”, “vaika”, “barro”—evito las transcripciones fonéticas— y tantas otras palabras primitivas, pertenecientes a guturalizaciones o a articulaciones laringales comunes a todos los hombres primitivos, y otros modos expresivos cuasi-articulados, con las que nuestros ancestros hispanos llamaban a la pareja cuando deseaban amarse o se invitaban a dar un paseo por la playa observando el sol y la luna imaginando solamente que aquellos luceros, como seres superiores, los observaban y les proporcionaban luz calor y vida. Hasta bien entrada la Edad Media, otros reyes rubios y conquistadores no empezaron a usar pieles de armiño en sus capas blancas con pintas negras en las puntas de los rabos.

 

En tiempos de Michelena, también en Salamanca, escuché una conferencia sobre la belleza literaria en la Biblia, allá por el año sesenta y tantos, a un fraile dominico de San Esteban. Éste no sólo recitaba de memoria a Tito Livio, a Jenofonte, el Gilgamesh o el libro del Génesis en hebreo. ¡Qué bárbaro! ¡Era un lingüista de los de antes! Descifraba jeroglíficos egipcios y todo el cuneiforme que se le presentara. Al terminar de recitar los capítulos del arca de Noé, comunicó tal emoción que levantó al auditorio como el mayor divo de la ópera de Bayreuth y arrancó en el público el más caluroso aplauso. ¡Menuda retórica!

 

Independientemente de las discusiones entre paleontólogos y exegetas, la belleza literaria de los capítulos ocho, nueve y once del Génesis, que comentaba, es inigualable entre los textos antiguos de la Humanidad. Después del diluvio universal: “se cerraron los manantiales del abismo del mar y las cataratas del cielo…” “… Y el arca, el día 27 del mes séptimo reposó sobre los montes de Armenia …”[4] ¡Ojo, que dice: los montes de Armenia!

 

En el cap. 10 se narra la descendencia de Noé y termina diciendo: “Estas son las familias de Noé, repartidas en sus pueblos y naciones. De estas (familias) se propagaron las diversas gentes en la tierra después del diluvio.

 

 Y empieza el capítulo 11 diciendo: “– Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras”.  “…se llamó Babel (que quiere decir confusión): allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra”.

 

Después de leer el ingente trabajo de Alfredo Trombetti,[5] sólo puedo sorprenderme ante las conclusiones lingüísticas que llevan a asombrarse doblemente al cotejarlas con la excelsa literatura del libro del Génesis arriba citado, lo que, a su vez, apunta a sostener la teoría de la monogénesis de todas las lenguas del mundo, entroncando así con la teoría sostenida por Michelena y sus discípulos, profesores de las “ikastolas”, que de sus enseñanzas han bebido.

 

 

Da la impresión, dados los resultados monogenistas a los que han llegado Michelena en su día, y hoy Lakarra, Gorrochategui y otros entusiastas vascólogos, de que pretenden considerar el euskera como la protolengua de la humanidad, de que parten del mismo axioma que la Biblia, como si se tomaran al pie de la letra la Sagrada Escritura del Génesis, y de que no dudaran en establecer que el euskera, el armenio y otras lenguas del oeste del mar Caspio fueron la misma lengua desde Adán y Eva hasta la Torre de Babel, y desde la Torre de Babel empezó a fragmentarse.

 

Con una coctelera así, en la que agitan la teoría de la monogénesis mezclada con un poco de fundamentalismo religioso y algo de exclusivismo protagonista, el cóctel está servido: la lengua primigenia del ser humano en su sentido más literal y exento de toda exégesis es el pre-protovasco o el pre-protoeuskara, como se gusta en llamar modernamente.

 

Pero con los nuevos estudios e investigaciones tanto de lingüistas como historiadores, etólogos, sociólogos, biólogos e, incluso, matemáticos como el mencionado Morris Swadesh, se ha dado un viraje de ciento ochenta grados al punto de mira, hacia una poligénesis de las lenguas.

 

Es curioso que el armenio y el georgiano tengan, aparentemente, más parecido con el euskera que entre sí, cuando, en realidad, los hablantes de ambos idiomas en Armenia y Georgia son pueblos fronterizos. Y sin embargo, por el método Swadesh, el armenio no da parentesco con el euskera. Por la fe ciega en este método “científico-matemático” es por lo que han apuntalado su inmovilidad los defensores de que el idioma vasco y el armenio hablado en el Cáucaso no mantienen relación; y que si en algo se parecen algunas palabras, habrá sido por contagios y préstamos lingüísticos de unas lenguas a otras en el discurrir de las lenguas creadas por poligénesis.

 

Sin embargo, hablando de los idiomas del Cáucaso, veamos una curiosidad toponímica: en Georgia existe un monte Gorbeya como el monte más alto de Bizkaia y Alaba. El macizo de Gorbea —obsérvese la proximidad fonética Gorbeya-Gorbea— es uno de los enclaves con gran significado para los vascos, que además de reunir el incentivo de la verde naturaleza, está estrechamente ligado a la historia de Vizcaya. Su altura y localización le otorgaron el privilegio de ser uno de los cinco montes bocineros, desde donde mediante cornetas y hogueras se enviaban mensajes al pueblo.

 

También en Armenia existe el monte sagrado Ararat (como la sierra Aralar entre Alaba, Gipuzkoa y Alta Navarra) y también un monte de nombre Gora (que significa “montaña, altura” en el idioma de la zona armenia y “gora” significa "arriba" en euskera).

 

Cuando me enteré de que por Armenia discurre el río “Araxes” y que el mismo nombre de río Araxes discurre por Euskadi,  y de que en antiguo armenio, para decir “valle” decían “arn”, igual que en actual euskera, “aran”, y que ha evolucionado a actual armenio “ard”,[6] había que seguir con las intuiciones a la manera de Dante. No me quedaba otro camino que prescindir, de momento, del método deductivo-matemático de ecuaciones diferenciales para seguir sacando conclusiones.

 

Acumulé información y encontré una mina, por lo que ya no me importó que el susodicho pergamino escrito en español del siglo XIII fuera falso y proscrito, como falsas son las ostrakas de Iruña Veleia; y abandoné el carácter auxiliar de mi pergamino para seguir intuyendo que el vasco es el mismísimo idioma armenio, sobre todo cuando descubrí parte de los trabajos del Profesor Vahan Sarkisian, catedrático de Lingüística Románica de la Universidad de la capital de Armenia; pero con las debidas reservas todavía, por si acaso era falso también lo que decía en sus ensayos, desconfiando, después de la patraña de los letreros de las inscripciones de Iruña Veleia.

 

Me puse en contacto con Cristian Sirouyan, periodista armenio residente en Argentina, nieto del autor de “Historia del pueblo Armenio”—él no sabe vasco— y le pregunté sin revelarle mis pesquisas, si las cien palabras –vascas- que le enviaba , significaban algo en armenio; y me contestó señalando que significaban lo mismo que el Profesor Sarkisian decía que significaban en armenio. Este es el e-mail:

 

“Hola Jesús,

Le envío la lista de las palabras en armenio que pude chequear. Todas las que no tienen ninguna aclaración son correctas en cuanto a su significado y la escritura en fonética. Otras van acompañadas de aclaraciones. Pude revisar la mayor parte. Le debo algunas.

 

– ain

– ainpes

– ainkhan: se escribe y pronuncia "ainkán", sin la h

– ais: no significa "viento" sino que es el pronombre demostrativo "este". "Viento" es "hov" o "kamí"

– hon

– andi: debe ser "andín" o "antín", que no significa "de allí" sino "más allá"

– andranik

– ara

– arat

– arrats

– arti: debe ser "artík", que significa "oveja salvaje". Oveja es vochkhar

– areg

– arrand: debe ser "ierrand"

– arrú

– arruoit

– arthun: debe ser "artún"

– arch

– hast

– pahel

– baimán

– baitz

– batzarrík

– valutz: debe ser "vaghutz"

– merdz

– djardel

– denel: debe ser "dnel"

– elkh: debe ser "ielk"

– kaitarr

– gari

– khachal: debe ser "kachal"

– geragoin

– khandel: debe ser kandel

– khich: debe ser "kich"

– gohanal

– koit: debe ser "kuit"

– handés

– hastatel

– vrrentel

– hurti

– jarangel

– khan: debe ser "kan"

– xarxul: debe ser "kharkhul"

– xartel: debe ser "djartel"

– kotratel: debe ser "kotrel"

– mah

– merrunch

– murtz: "puño" es "prruntsk" / "murdj" (no "murtz") significa "martillo"

– orrnotz: debe ser "vorrnotz"

– bezketel: debe ser "bzktel"

– phor: debe ser "por"

– phuch: debe ser "pchotz"

– tsak: debe ser "dzak", que significa "hueco" o "agujero" (no "herida"); "herida" es "verk"

– san

– tzetz

– darel: debe ser "dadrel"

– dadar

– teghi: debe ser "tegh"

– thoil: debe ser "tuil"

– thukh: debe ser "thuk"

– char

– charagoin

– chemerthgel

– zat: significa "separado" / "porción" o "pedazo" es "mas" o "gdor"

– teghi: debe ser "tegh"

– archateghi: debe ser "archategh"

– handisateghi: debe ser "handisategh"

– tsaval / tsavalateghi / tsavalkoiti / ormatsaval: "tsavalí" significa "doloroso"; "tsav" es "dolor"; "ancho" es "entartsak" o "lain"

– areg: significa "sol", como correctamente indica el listado; de todas maneras, el término más utilizado en armenio para "sol" es "arev"

– aregi-kichi: debe ser "kich areg"

– aregiteghi: debe ser "aregitegh"

 

Espero que le sea útil, un abrazo,

Cristian Sirouyan”

 

No podía creer lo que estaba comprobando con mis propios ojos.

Ya no hace falta proceder al revés, preguntando a un vascólogo, que se crea que no sabe armenio, las mismas palabras en armenio para que identifique las que aprecie como palabras del vasco. Cualquier vascoparlante puede comprobarlo. Tampoco es necesario comprobar “cognados” ni “falsos amigos” lingüísticos, ni otras apreciaciones como estas, de experto lingüista.

 

Ni siquiera hace falta la inducción, para concluir nada. No hace falta ser lingüista especialista ni en ostrakas ni en glotocronología, ni en método Swadesh. Sólo hace falta sentido común para deducir que el idioma vasco actual unificado no ha existido más que en la imaginación de Michelena que lo fabricó artificialmente para consumo de políticos y para un no sé qué de sentirse distintos y aglutinados. No existe la lengua vasca unificada sino un conglomerado lingüístico de más de veinticinco hablas vascas, tanto en las tierras vascongadas francesas como españolas.

 

Claro que hubo pueblos vascones primitivos en Euskadi, que farfullaban lenguas primitivas, igual que los hubo en toda la Península Ibérica, como los ligures o los tartesios, o los celtas, o los “malagueños” de las cuevas de Nerja;

Pero el “grueso, grueso”, del corpus lingüístico del norte de España y suroeste de Francia es idioma armenio, que es a lo que actualmente se le llama “vasco, vasco”, el euskera, amén de influencias de las ya rodantes lenguas romances aledañas, lo que los lingüistas profesionales llaman adstrato lingüístico, que tantas huellas han marcado a las múltiples hablas de los valles vascongados. Igualmente que en castellano han perdurado palabras de aquellos primitivos como “perro” o “arroyo”, en euskera han perdurado otras palabras de los antiguos vascones y otras tribus, en cantidad muy superior, porque las condiciones geográficas favorecieron mayor aislamiento.

 

Koldo Michelena, mi profesor en los cursos de doctorado en la Universidad de Salamanca —1974-75— nos hablaba en sus lecciones magistrales sobre el dominio lingüístico ibérico, de una antigüedad de cinco o seis mil años antes de Jesucristo y detectaba en el euskera muchas palabras primitivas del substrato lingüístico de los vascones mucho más numerosas que en castellano o en catalán o en gallego. Esos substratos lingüísticos sí que datan de la era Magdaleniense o de antes.  El profesor Michelena dudaba de que los vascones hablaran el actual euskera, porque cuanto más lo sostenía, más se acercaba tomar el pasaje bíblico al pie de la letra.

 

No es posible que, si el vasco y el armenio hubieran sido parte del pan-vasquismo extendido por todo el orbe, y separado no sólo por más de cuatro mil kilómetros sino, sobre todo, por unos cuantos milenios, conservaran, al menos —y todavía hay que seguir estudiando—, seiscientos vocablos detectados exactamente iguales.

 

No vamos a aburrir a nuestros lectores con la teoría de la ergatividad o los cognados o las palabras “falsos amigos”, con lo que ya se entretienen en sus tesis los nuevos doctorandos. Es suficiente exponer algunos ejemplos de la siguiente lista de palabras en vasco y en armenio que ya expuso el profesor de Yerevan:

 

1. vasco. aina “aquel, aquello, aquella” – armenio.  ain(gen. ainu) “id”

2. vasco. ainbeste “tan, tanto (como aquel)” -armenio.  ainpes (dial. ainpest) “como aquel, de aquel modo”

3. vasco. aingana “tanto como aquel” – armenio.  Ainkhan (dial. aingan) “ tanto como aquel” (cf. haingoin “como aquel”)

4. vasco. (h)aize “viento” – armenio.  ais “viento”

5. vasco. (h)an “allí” – armenio.  hon “allí”

6. vasco. (h)andi (var. anti) “de allí” – armenio.  Andi (var. anti) “de allí”

7. vasco. (h)andiari “grandeza” – armenio.  Andranik “mayor, superior”

8. vasco. andena “grupo, tropa” – armenio.  Andeai “grupo, tropa de animales”

9. vasco. (h)antz “parecido, semejante” – armenio.  hantz “parecido”

10. vasco. hara “he allí” – armenio.  ara “he allí, mira”

11. vasco. (h)aran “valle” – armenio.  aran “valle”

12. vasco. aradiza “imperefección dejada por una enfermedad” – armenio.  arat “ imperfección, defecto”

13. vasco. arasta “sentencia” – armenio.  arrats “sentencia, proverbio”

14. vasco. ardi “oveja” – armenio.  arti “oveja”

15. vasco. argi “luz” – armenio.  areg (gen. aregi) “sol”

16. vasco. arrandia “afán, anhelo” – armenio.  Errand (gen. errandi) “energía”

17. vasco. arru “barranco” – armenio.  arru “riachuelo”

18. vasco. arrueit “esforrocino, sarmiento bastardo” – armenio.  arruoit “trebol, alfalfa”

19. vasco. artha “cuidado, solicitud, diligencia” – armenio.  arthun “diligente, despierto”

20. vasco. artza “oso” – armenio.  arch (dial. horch) “oso”

21. vasco. astun “pesado” – armenio.  hast “grueso, pesado”

22. vasco. bahi-tu “apresar, detener” – armenio.  pah-el (dial. bah-el) “guardar”

23. vasco. baimen “permiso, consentimiento” – armenio.  paiman (dial. baiman) “condición, acuerdo, consentimiento”

24. vasco. baizik “sino, más que” 2.”sino que” – armenio.  baitz “pero, pues” 2.”sino que”

25. vasco. bakarrik “solamente” – armenio.  Batzarrik “excepcional, único”

26. vasco. barzia-tu “punzar” – armenio.  vars-el “punsar, clavar”

27. vasco. belu “tarde” – armenio.  val (gen. valu) “antiguamente, tardío”

28. vasco. beluz-ko “tardecito” – armenio.  valutz “hace rato, hace mucho”

29. vasco. berta “cerca” – armenio.  merdz “cerca” (cf. merdzavor “próximo”)

30. vasco. bits “espuma” – armenio.  bits “huella sucia, mancha”

31. vasco. buru “cabeza” – armenio.  poir (var. pur) “cabeza”

32. vasco. dzart egin “romperse una cosa” – armenio.  djard-el “romper”

33. vasco. eden “caber” – armenio.  den-el “poner, colocar”

34. vasco. elge “llano” – armenio.  yilk “llano”

35. vasco. elki “salida” – armenio.  elkh (gen. elkhi) “salida”

36. vasco. erkin “la que está con dolores de parto” – armenio.  erken “dolores de parto”

37. vasco. gaita “buen humor” – armenio.  kaitarr “vivaracho, gallardo”

38. vasco. gari “trigo” – armenio.  gari “cebada”

39. vasco. gasoil (garsoil) “calvo” – armenio.  Khachal “calvo”

40. vasco. geiago “más” – armenio.  geragoin “más alto”

41. vasco. gendu “quitar” – armenio.  khand-el “destruir”

42. vasco. gitxi “poco” – armenio.  khich (gen. khichi) “poco”

43. vasco. gitxiago “ménos” – armenio.  Khechagoin “ménos”

44. vasco. gohain-du “hastiarse” – armenio.  gohan-al “contentarse”

45. vasco. goiti “residuo, sobra” – armenio.  koit (gen. koiti) “montón, cúmulo”

46. vasco. handies-te “exaltación, glorificación” – armenio.  handes “rito solemne, fiesta, exposición”

47. vasco. haritx “roble” – armenio.  harrich “roble”

48. vasco. haztatu “probar, confirmar” – armenio.  hastat- el “probar, confirmar”

49. vasco. horma “pared” – armenio.  orm (gen. ormo) “pared”

50. vasco. hurrundu (hurruntu) “alejar” – armenio.  vrrend-el (vrrent-el) “expulsar, alejar”

51. vasco. hurti “abundante en agua” – armenio.  Hurthi “abundante en agua”

52. vasco. irur “tres” – armenio.  erir “tres veces”

53. vasco. jarauntsi “heredar” – armenio.  jarang-el “heredar”

54. vasco. jori “abundante, rico” – armenio.  yoyr (gen. yoyri) “gordo, espeso, hinchado”

55. vasco. kain (gain) “tan, tanto” – armenio.  khan “tan, tanto”

56. vasco. karkoil “brusco, tosco, deforme, feo” 2.”decadente” – armenio.  xarxul “decadente, movedizo”

57. vasco. kartha-tu “romper, quebrar” – armenio.  Xartel “limar”

58. vasco. katra-tu “rompor, quebrantar” – armenio.  kotrat-el “desmenuzar, hacer pedazos”

59. vasco. keina “amenaza” – armenio.  khen “amenaza”

60. vasco. korta “sel, prado” – armenio.  kord (gen. kordo) “tierra no labrada”

61. vasco. matsarno “vino” – armenio.  machar “vino nuevo”

62. vasco. mahu-tu “morir, matar” – armenio.  mah (gen. mahu) “muerte”

63. vasco. matuts “denso, espeso” – armenio.  Matsutzik “denso, espeso”

64. vasco. murruntza “mugido” – armenio.  Merrunch “mugido”

65. vasco. murtzi “puño” – armenio.  murtz “puño”

66. vasco. nagatu “asquearse, detestar” – armenio.  naxat-el “insultar, injuriar, ultrajar”

67. vasco. oin “pie” – armenio.  (dial.) oin “pie”

68. vasco. oker “torcido” – armenio.  kerr “torcido”

69. vasco. ordo “llano, llanura” – armenio.  hord “llano”

70. vasco. orroe “bramido, rugido” – armenio.  Orrnotz “bramido, rugido”

71. vasco. otz “frio” – armenio.  oits “frio”

72. vasco. otzago “más frio” – armenio.  oitsagoin “más frio”

73. vasco. patari “alimaña, animal danino” – armenio.  patchar (gen. patchari) “animal”

74. vasco. pitxi “adorno” – armenio.  pechin “adorno”

75. vasco. pixar “poco” – armenio.  pitsarr “un poco, pequeña cantidad”

76. vasco. pizki-tu “hacer hilachas” – armenio.  bezket-el “destrozar, hacer pedazos”

77. vasco. porro “panza” – armenio.  phor (gen. phoro) “vientre”

78. vasco. putz “soplo” – armenio.  phuch “soplo”

79. vasco. putzuka “abotagado, inflado” – armenio.  (dial.) phechuk “hinchado”

80. vasco. sakhi “herida de instrumento cortante” – armenio.  tsak (gen. tsaki) “hueco, herida”

81. vasco. sein “nino” – armenio.  san “alumno”

82. vasco. sasta-tu “pinchar, punzar” – armenio.  sast-el “increpar”

83. vasco. sits “polilla” – armenio.  tzetz “polilla”

84. vasco. takara “golpe” – armenio.  thak-el }golpear”

85. vasco. tari “interrupción, cesar” – armenio.  dar-el “cesar”, dadar (dar-dar) “interrupción”

86. vasco. tegi “lugar” – armenio.  teghi “lugar”

87. vasco. toil “ torpe, tardo, lento” – armenio.  Thoil “débil, flojo”

88. vasco. thu “saliva” – armenio.  thu “saliva”, thukh “salivas”

89. vasco. txabal (dimin. de zabal) “ancho” – armenio.  chapal (cf. tsaval “ancho”) “extendido, prolongado”

90. vasco. txar “mal, malo” – armenio.  char “mal, malo”

91. vasco. txarrago “peor” – armenio.  charagoin “peor”

92. vasco. tximikatu “pellizcar” – armenio.  chemketh-el “oellizcar”

93. vasco. tximur “frunce, arruga” – armenio.  Chemurr “frunce, arruga”

94. vasco. tximurtu “arrugar, doblar” – armenio.  chemerth- el “arrugar”

95. vasco. txibita “mayal, vara” – armenio.  chipot “vara, mayal”

96. vasco. urduri “inquietar” – yordor-el “irritar, incitar”

97. vasco. urru “espeso, abundante” – armenio.  Urr “hinchado, colmado”

98. vasco. usin “avalancha de nieve” – armenio.  Usin “avalancha de nieve”

99. vasco. zabal (xabal, xapal) “ancho” – armenio.  Tsaval (chapal) “ancho, extendido”

100. vasco. zati “porción, pedazo” – armenio.  Zat “parte”.

 

 

“Como se ha dicho, con esto no se acaba la larguísima relación de las coincidencias lexicales vasco-armenias, pero nosotros nos limitamos con los 100 paralelísmos expuestos. La primera impresión que se puede sacar de esta lista, es la comprensibilidad mutua: las palabras expuestas no piden traducción ni para los vascos ni para los armenios. Otro rasgo importante es la actualidad de las coincidencias vasco-armenias: casi todas las voces expuestas se usan hoy día tanto en el euskera como el armenio. Y, por fin, las coincidencias presentadas ofrecen gran productividad en ambas lenguas. Las coincidencias vasco-armenias llegan hasta tal punto que permiten formar muchas composiciones mutuamente comprensibles. Si dos palabras aisladas son comprensibles a los vascos y armenios, la aglutinación de ellas no provocaría grandes dificultades para comprender la forma compuesta.”

 

Y esta es la mayor prueba inductiva de que la antigüedad del desgajamiento y comienzo de la actual lengua euskara no tiene más de 800  ó 900 años.

 

“Presentamos algunos ejemplos de este tipo:

 

1. Vasco. tegi – armenio.  teghi “lugar”.vasco. artzategi “lugar de osos” – armenio.  Archateghi “lugar de osos”

vasco. handiestegi “lugar de glorificación” – armenio.  handisateghi “id” vasco. hariztegi “lugar de robles” – armenio.  harichateghi“id”, etc.

2. Vasco. zabal “ancho” – armenio.  tsaval “ancho” vasco. zabaldegi “lugar ancho” – armenio.  tsavalateghi

“id”

vasco. zabalgoiti “cumulo ancho” – armenio.  Tsavalkoiti “id” vasco. ormazabal “muro ancho” – armenio.  Ormatsaval “id”, etc.

3. Vasco. argi “luz” – armenio.  areg (gen. aregi) “sol” vasco. argizabal “aurora ya clara” – armenio.  Regitsaval “sol ancho” vasco. argi-gutxi “vislumbre” – armenio.  aregi-khichi “poco sol” vasco. argitegi “lugar iluminado” – armenio.  Aregiteghi “lugar soleado”. ”

 

Los esfuerzos tan ímprobos de Owstrowski haciendo ciencia lingüística, analizando comparativamente, el vasco, el sánscrito, el griego clásico, y el latín, no nos han servido de nada a pesar de la metodología científico-lingüística aplicada. Mostremos solamente un ejemplo:

 

Manfred Owstrowski

 

Vasco

Sanskrito

Griego Clásico 

Latín

"(Yo) soy"

naiz

asmi

eimi

sum

"(tú) eres"

haiz, zara 

asi

ei

es

"(el,ella) es"

da

asti

esti

est

"(nosotros) somos" 

gara

smaH

esmen

sumus

"(ustedes) son"

zarete

stha

este

estis

"(ellos) son"

dira

santi

eisi(n)

sunt

 

Después de los hallazgos del profesor Sarkisian, sólo me ha quedado cotejar fechas y algunos hechos culturales e históricos más sobresalientes, para que me queden pocas dudas en atreverme, por lo menos, a proponer un giro de ciento ochenta grados en las investigaciones sobre la lengua vasca.

 

Tengo que considerar el hecho de la extensión de la devoción a San Jorge, sobre todo en las tierras más orientales de España y Francia, y al trasiego de barcos por todas las costas del Mediterráneo y mar Negro, las rutas desde nuestras costas más orientales desde Provenza y Cataluña hasta Sicilia, Chipre, Constantinopla, costas de Trapisonda y  Batumi. (Batumi, en la costa de la actual Georgia, tierra natal de Stalin).

 

En el hecho histórico de la existencia de San Jorge tal y como relatan las tradiciones, no voy a emplear esfuerzos, porque lo que interesa a nuestra contemplación es el mensaje que encierra y, sobre todo, la difusión de su vida y obra en Europa; más concretamente en la actual Cataluña. Este soldado armenio de la antigua Capadocia, un día provincia de Roma —del mismo lugar que, en la actualidad, una empresa catalana de turismo turco, gestiona el negocio de viajes en globo por entre los “bosques fálicos” sobrevolando las ciudades subterráneas, y otras maravillas históricas—, era en el siglo XI tan popular y venerado en el reino de Aragón —actual Aragón y Cataluña—, y en Francia, que se le atribuían gestas y milagros por todos los rincones de Europa y en las campañas de la Reconquista. Sin duda, el trasiego de personas entre Europa y Armenia y Georgia fue profuso, intensísimo, con viajes de ida y vuelta, sobre todo por mar, que era más corto, porque los ejércitos tardaban en el trayecto por los caminos al menos cuatro meses. Naturalmente, esa devoción al soldado del dragón, no ha podido borrarla ni Lenin ni Estalin ni el Soviet Supremo, y no por falta de ganas de borrar su memoria histórica. En la plaza de Tibilisi se erige San Jorge o San  Jordi en monumental columna después de haberse mantenido expuesta la estatua de Lenin durante cincuenta años. No en vano ha dado desde entonces, no sólo nombres entre nosotros a todos los “[Yordis]” y Jorges sino a los Georges franceses e ingleses, como al estado de la misma Georgia. Se hace evidente la gran influencia de las leyendas Georgianas en Europa, y esto sólo puede deberse al asentamiento medieval de georgianos y armenios en España y en Francia.

 

 Como nota importante, he de recordar que algún vascólogo de los que investigan el actual vasco, sí que ha encontrado en el euskera muchas palabras del actual idioma georgiano y no precisamente incrustado en una ostraka sino en el habla cotidiana de algunos caseríos vascos.

 

¡Hay que seguir profundizando en la desconocida Edad Media! ¡No nos queda más remedio! ¡La realidad es tozuda! Tenemos miles y miles de documentos todavía bajo el polvo, elementos artísticos y arquitectónicos y otras fuentes diversas como para conocerla.

 

Lo que es más difícil de conocer, a pesar del empeño de los historiadores profesionales de la lengua, es cómo se hablaba en la era magdaleniense, hace miles de años y los grupos sanguíneos de la especie humana en aquella época lejana entre los valles de Vizcaya y Donosita, sin ningún dato más que troncos de árboles y alguna piedra de sílex. ¡Ah! Y de la Iglesia y del Papa no hagamos caso, que siempre le han hecho ascos a estas tradiciones georgianas porque los jerarcas, comparados con el pueblo llano, son unos incrédulos de los milagros… Para comprobarlo no hay más que mirar los documentos del Vaticano al respecto.

 

Con todo esto ¿para que me sirve mi documento del siglo XIII? Para nada; para tirarlo a la basura, porque sin duda es una ostraka falsificada. Lo que no son ostrakas son estas reflexiones que voy desgranando. Pongamos un poco de rigor, porque si no, puede parecer que me estoy burlando con el vapuleo a la palabra “óstraka”. La palabra óstraka, en realidad, está mal empleada. Confieso que he utilizado la ironía para algo muy serio. Pido disculpas por la pereza que me da volver a redactar desde el principio; no es cuestión de andar corrigiendo, porque “óstraka” es una palabra griega que significa “cascotes” en plural, cascotes de cacharros rotos de barro —los cascos viejos, que llaman nuestros alfareros al montón de desechos de sus trabajos—, donde los atenienses escribían en asamblea el nombre de los que querían echar al destierro por “chorizos” o malos ciudadanos. En un “óstrakon”, palabra en singular, con un punzón escribían el nombre del expulsado de la ciudad por este procedimiento del “ostracismo”. Cuidado con las ostrakas porque más de la mitad que se exponen en los museos, son falsas: es muy fácil coger cualquier cascote de unas ruinas, y grabar un nombre. Cualquier día aparece el nombre del presidente de Euskadi en una “ostraka” de Iruña Veleia. Total: que mi pergamino, concluyo, no me sirve más que para haber comenzado estas páginas.

 

El abuelo de Cristian Sirouyan, escribió una historia del pueblo armenio de la que extraigo esta cita: “Los armenios recibieron con entusiasmo a los cruzados y colaboraron con todos los medios a su alcance”.[7]

 

¿Alguien puede pensar que, habiendo participado en el mismo bando de las guerras bajo la misma cruz y con las mismas creencias: armenios, españoles y franceses de los siglos X y XI, jugándose la vida estrechamente juntos, no se iban a hacer amigos para siempre ofreciéndose cobijo mientras estuvieran perseguidos a muerte, y que juntos hollaran las rutas de las cruzadas, por tierra a través de Grecia, Italia y Francia; y por mar costeando Grecia, Italia y Francia? Es verdad que un amigo es un tesoro… que se puede perder; pero un amigo forjado en la guerra es un tesoro imperdible y eterno.

 

No podemos olvidar que los pueblos armenios y georgianos, fueron desde el siglo VI antes de Jesucristo, los grandes artesanos de la piedra. Hasta las bóvedas y cúpulas de las construcciones centro-asiáticas son de piedra. Y artesanos también de la madera, de grandes bosques, que durante siglos fueron talados y tallados con hachas en los periodos de entreguerras y persecuciones de los islámicos contra los armenios, el primer pueblo cristianizado por los apóstoles de Jesucristo y el más convencido y defensor del Evangelio.

 

¿Qué iban a hacer los armenios masacrados y espantados sino buscar la vida por tierras lejanas donde no fueran perseguidos y matados por los islámicos turcos selyúcidas que devastaron cruel y truculentamente toda Armenia? Algunos armenios tuvieron que refugiarse en los montes Tauros, otros en Cilicia, la tierra de San Pablo, y otros, los más cultos y decididos, se lanzaron al mar al lado de sus correligionarios  cristianos europeos que los protegían, sobre todo a los que dominaban el arte de las construcciones con piedras de todas las formas y tamaños.

 

¿Dónde iban a refugiarse que mejor vida les esperara, que en las logias de las catedrales que se estaban construyendo? No olvidemos que los constructores eran los más cultos en esos tiempos. Es fundamental este aspecto, ya que mantenemos como indiscutible constante histórica que el grupo de hablantes más culto es el que siempre ha impuesto su lengua cuando ha entrado en contacto con otro grupo humano de inferior cultura.

 

“El ser humano más cultivado era el “faber”, el “constructor” por contraposición al guerrero —más intrépido pero siempre más inculto—, y al siervo de la gleba. El gran oficio del hombre siempre ha sido construir sus mejores edificios con piedra y madera compartiendo el ambiente creador y artístico de los más instruidos y egregios de aquella sociedad. De la Edad Media se conservan, por todas partes, grabados, frescos románicos, capiteles, canecillos que representan al “homo constructor” como exponente de una clase altamente cualificada, como grupo culto y selecto.

¡Madera y piedra siempre han sido los materiales más nobles!

Abundan las pinturas y esculturas que representan el eterno oficio de manipular las piedras, darles formas y colocarlas en sus lugares con intención de eternidad.

Se mantuvieron fuertes estos mozos hercúleos en sus logias, al lado de las catedrales y los monasterios, compitiendo en saber con los frailes en cuyas bibliotecas se encerraba todo el saber de su tiempo, con los artistas y artesanos más encumbrados en aquella sociedad y, a la vez, eran expertos en el manejo del hacha para cortar troncos tallando vigas paralelepipédicas y cortando árboles gigantescos, ya que en Europa se les requería pagándoles con la máxima consideración y los sueldos más elevados de hombres libres e independientes, asociados en las logias que cada construcción tenía.

 

Me permito sólo un par de citas más. No quiero cansar con documentación bibliográfica, a la vez que propongo, a los que redactan tesis doctorales, que estudien los miles de pergaminos que están esperando a jóvenes vascos doctorandos en el museo de los escritos de Yerevan —menuda mina para entretenerse— el Matenadarán, que es el instituto más importante del mundo con 17000 pergaminos y otros 300 000 documentos. Ah, y ya desde hoy mismo, propongo a los catedráticos de lengua vasca y a los académicos de la Euskaltzaindia que borren de su mente ese barbarismo de “bibliotekoa” que les enseñó equivocadamente mi profesor Koldo Michelena; y que aprendan a decirlo en su idioma, en armenio, y, por supuesto, que empiecen a escribirlo como Dios manda, en su idioma armenio-vasco, así: Մատենադարան, que eso es lo que significa: «biblioteca». O este sinónimo: “gradaran”, գրադարան.Y ya de paso que nunca más digan “matrikula” ni “informacio” ni “instituzionala” que suena “a cachondeo”. Que lo digan en su lengua, que es preciosa; y escrita no tiene precio: es una maravilla. Que concedan becas a los jóvenes más inteligentes para que vayan de “Erasmus” a Yerevan, y estudien manuscritos como los que hacen referencia a Raimundo IV de Tolosa en los que se habla de viajes de ida y vuelta de españoles y franceses medievales en peregrinaciones a las tierras cristianas conquistadas por los islámicos antes de la primera Cruzada.[8]

 

 Me queda algo muy importante que invito también a seguir investigando: las marcas de los canteros. En los edificios medievales españoles y franceses hay muchas con el doble brazo de la cruz: la cruz oriental, la patriarcal, como la de Caravaca o la de Astorga. La silueta de la cruz patriarcal se ve en marcas de cantería,[9] pero las más abundantes marcas de cantería son las esquemáticas cruces armenias con los extremos lobulados, como figuran en la clasificación de las marcas de canteros cruciformes de Joan Tours (lámina XIV).

 

Hay miles de bajorrelieves en capiteles. No se sabe el significado de todos los símbolos esculpidos en las piedras. Es necesario investigarlos. La presencia de elefantes significa, por lo menos, que los canteros de Francia y España conocían el mundo de oriente donde abundan los paquidermos en el arte. Es imposible concebir que un maestro de obras tallara u ordenara tallar elefantes sin haberlos conocido. Los riquísimos códices miniados armenios de los siglos medios, nos hacen asegurar la superioridad cultural, en esa época, de Armenia sobre occidente. El occidente comprendía las tierras situadas entre las costas de Occitania y las cercanas al “finisterre”, las más alejadas del centro cultural del mundo, que era la Mikra Asia y el Cáucaso.

 

He de insistir en que se mantiene como un dogma lingüístico incuestionable que en todo movimiento migratorio, a lo largo de la historia, los grupos de hablantes más cultos han impuesto su lengua a los de cultura inferior. Desde luego los armenios eran muy cultos comparados con los siervos de la gleba de Europa; por eso, aunque eran menos en número y distribuidos por grupos homogéneos en las fábricas de monasterios y catedrales, eran libres, podían moverse a su albedrío de un lugar a otro y cobraban sueldos por trabajar a destajo, en contraposición a los labradores de la tierra que estaban atados a ella aunque cambiara de dueño. Eran más cultos aunque hablaran una lengua extraña y lejana. Por eso subsistieron como grupo moviéndose libremente de un lugar a otro acostumbrados en su historia a deportaciones masivas.

 

La cultura de los levantadores de piedra y de cortadores de manera, se enquistó y se encerró en sí misma después de que la gran masa de población de cotizadísimos artesanos de la piedra y de la madera, despavorida a causa de las persecuciones inmisericordes, acudiera a Europa desde Cilicia, Edesa, Armenia y Georgia.

 

El rango social de los peones levantadores de piedras, canteros y escultores de cincel y martillo ha decaído, pero no debemos ser anacrónicos pues, en aquel tiempo, el escultor y el cantero podían ser la misma persona. No podemos asociar al escultor medieval a nuestros actuales licenciados en Bellas Artes.

 

¿Cómo podemos sostener que el euskera es una lengua aislada, hipótesis que se ha mantenido insistentemente? Es necesario revisar este concepto. Cuando menos es discutible que exista alguna lengua aislada, incluso el chitimacha, de un grupo de indios de la actual Luisiana, al que no se le ha encontrado relación alguna.

 

 Es lógica la resistencia a dudar de mi cambio en la orientación respecto a la antigüedad de la lengua vasca, dado que estoy sugiriendo el cambio de orientación en los estudios de todos los vascólogos, jóvenes investigadores y gramáticos vascos, quienes unánimemente han sostenido como primordial factor de su existencia científica la teoría del aislamiento del eusquera, marcada con un error inicial y seguida a pies juntillas sin atreverse nadie a rebatirla porque, de hacerlo -política local por medio-, conduciría al que osara tal atrevimiento, hacia el más abyecto ostracismo en la sociedad euskalduna. ¿Alguien puede imaginar a Arzallus y a Setién sostener que su lengua materna aprendida entre los verdísimos bosques vascongados no tiene asentamiento en las tierras vascas más allá de veinte o treinta generaciones, es decir, que ahí no se habla vasco, más allá de los tatarabuelos de los tatarabuelos de los tatarabuelos de sus tatarabuelos, y se acabó? ¿Y que esa lengua vasca a la que llaman Euskara, no es más que Armenio, esa sí, lengua milenaria con algunas palabras de Georgiano y algo de otras lenguas Lazi del Mar Negro, lenguas, todas ellas, de los cristianos aliados de los cruzados franceses de nuestra Edad Media, que vinieron en oleadas, huyendo de las matanzas de los mahometanos selyúcidas, lenguas, por otra parte, de grandes artesanos de la piedra y de la madera, aprovechando que en Europa en esa época se necesitaban buenos canteros, fuertes, musculosos, que levantaran las piedras con agilidad y soltura para colocarlas en los grandes muros que se construían en los más de dos mil edificios que en un solo siglo se construyeron en la Actual Francia y Norte de España?

En España y en Francia, en esa época, faltaba la mano de obra especializada. Los oriundos eran labradores. Los artesanos especialistas de la piedra y la madera, emigrantes caucásicos, eran absorbidos en las logias con certificado de devotos cristianos sin tener que pasar periodo de aprendizaje, donde encontraban solución estable a su turbulenta existencia.

 

¡No podemos olvidar la peste negra! Hizo estragos devastadores en la población europea.

¿Qué pasaría con la peste negra? Nada que no sepamos. En los campos, en las nacientes ciudades en las que se estaban terminando de construir las catedrales y el resto de las grandes edificaciones con piedras, no sólo se diezmó la población, sino que quedó aniquilada porque se contagiaban fulminantemente. Se libraron de la muerte los que tenían libertad de movimientos, los armenios de las logias catedralicias que disfrutaban de esa libertad para refugiarse en las montañas donde no se contagiaran, acostumbrados a su multisecular huida de grandes holocaustos, y se vieron obligados a permanecer en los valles más escondidos de Aquitania, Pirineos y Reino de Navarra que incluía la antigua tierra de los vascones, las actuales tierras vascongadas. Allí se libraron de la terrible enfermedad tan contagiosa como mortífera. La selección natural —como ya señalaron Hugo de Vries y Morgan— propició que los supervivientes de tantas inclemencias y pestes se refugiaran en las tierras vascongadas mezclándose con los antiguos pobladores y se multiplicaran entre ellos, los más fuertes en sus músculos y en el sistema linfocitario, que superaran todo tipo de infecciones en esa selección natural de un “rh” “propio”. Como grupo más culto, siguió imponiendo su lengua a los campesinos de las circunscripciones donde se refugiaron.

 

 ¿Qué les quedaba, si en aquellos valles ya no había ni reyes ni ricas jerarquías eclesiásticas que sufragaran los gastos de construcción de grandes edificios pétreos? Nada más que aprovechar las partes más bajas de los valles y transformarse en labradores, roturar las pequeñas parcelas y seguir viviendo de la madera de los bosques. Pero algo les quedó de sus habilidades de subir a los hombros pesados sillares cúbicos, para construir los robustos muros románicos y los esbeltos góticos que les habían ordenado los exquisitos arquitectos nórdicos y galos; cilíndricos, para colocarlos apilados haciendo nervios y pilares, a lo que tan acostumbrados estaban; y también morillos paralelepipédicos.

 

Se resistieron a perder su antiguo oficio e hicieron permanecer en sus juegos y competiciones del “domingo por la tarde” en la estrecha explanada del pequeño núcleo urbano de sus nuevos asentamientos en las actuales tierras vascongadas, la demostración de fuerza y de maña en subir —haciendo escala en la rodilla, hasta colocarla en el hombro y hasta en la cabeza— pesados guijarros… ¿Cómo no iban a recordar, con los bueyes de su nuevo oficio de labriegos, el arrastre de las piedras más pesadas por las rampas de los andamios ingentes de las catedrales, hasta lo más alto de las rampas de maderas robustamente colocadas? Les quedó la competición lúdica con las distintas artes de la piedra con todas sus modalidades de arrastre con bueyes, con caballos, con burros y con lo que hicieran falta. No digamos la destreza en hacer, de un tosco tronco, con el mejor arte del afilado del hacha, lo que venían haciendo sus antepasados en Armenia y en Georgia y en los países aledaños desde tiempos ancestrales: paralelepípedos perfectos utilizados como vigas sin desviarse en el corte del hacha, hacer cuñas e incluso cortar los troncos más gruesos; nada distinto a lo que todos los pueblos del mundo han hecho: competir lúdicamente en las destrezas del trabajo de sus antepasados, lo que han seguido haciendo los mozos vasco-armenios de nuestra Euskadi, con lo que siempre sus antepasados desde Noé y su descendencia, habían manejado en las mesetas y montes caucásicos: la manipulación, sujeción y levantamiento de la piedra y el corte de la madera.

 

Hablando de juegos y competiciones, no podemos olvidar a los pelotaris vestidos de color blanco-armiño, el color puro del que se ha olvidado su verdadero significado, símbolo ancestral de pureza noble, combinado con el color rojo-sangre, para que nadie olvidara su alma inmaculada y perseguida en constantes genocidios. No olvidemos la etimología. ¡Blanco armiño es blanco armenio! !Vaya palabra! Armenius, decían los romanos. Y los provenzales anfitriones primeros del pueblo armenio huido, le asignaron el color blanco y rojo en sus juegos y fiestas para que nunca olvidaran, por lejos que se encontraran de su originario caserío del Cáucaso, tanto su origen inmaculado como que fueron sangrientamente perseguidos, para que algún día, aunque fuera en el siglo XXI, pudieran volver a las raíces de donde fueron expulsados.

 

Una por una, las reflexiones anteriores pueden decir poco, pero todas juntas, se entrelazan encajadas afianzando la hipótesis más verosímil: que a Europa vinieron en masa los canteros-escultores armenios, y también los pueblos aledaños perseguidos a muerte en Armenia y países limítrofes, con lo que queda diseñada la hipótesis sobre la que hay que seguir añadiendo datos fidedignos, y, desde luego, no nos queda más remedio, de momento, que abandonar esa quimera de que los gudaris con su lengua —como dice “El libro blanco del euskera” [10]— hincan sus raíces en el “austrolopitecus hispanus”. En el austrolopitecus la hincamos todos.

 

Propongo que los nuevos doctorandos de las universidades vascas aprendan armenio con su alfabeto y se metan de lleno en los archivos de Yerevan y de Tibilisi, desde donde ya irán siguiendo los rastros por los archivos de la antigua Unión Soviética, y que prueben escribir euskera con el alfabeto precioso de 36 caracteres por si se adapta muchísimo mejor a la fonética vasca que los caracteres latinos, así no tendrán que escribir con tantas “tes” y con tantas “equis” y con tantas “kas” porque, según todos los indicios, el vasco actual es un dialecto[11] del armenio que vino en la Edad Media y que en ochocientos años  tantas influencias lingüísticas ha recibido, hasta llegar al “status actual” de más de veinte modalidades de habla o subdialectos, que conservan muchas palabras de sustrato prerromano vascón y otros idiomas primitivos concomitantes y mucho del latín evolucionante y  machacante como adstrato.

 

 

Todavía un pequeño detalle: también propongo el estudio comparado de los atuendos de los “dantzaris”, incluso de los movimientos en el baile. ¿Es que recuerdan faralaes, o trajes maragatos, o tatuajes africanos, o al traje escocés? ¿O, más bien, recuerdan los colores y bordados en las calzas y calcetos, y calcetines, y calzones y calzoncillos y gorros y casacas de Georgia y Armenia? No es posible que en la Edad de Piedra se bordara en Euskadi con esos hilos de colores armenios medievales. ¿Y si fueran casuales coincidencias y no tuvieran relación alguna? Mire usted: que yo no me lo creo.

 

No puede ser casual tampoco lo que cualquier lingüista puede concluir al hacerse las siguientes preguntas:

¿Es casual que para el vocablo gentilicio “armenio”, los tribunos romanos utilizaran la palabra “armenius” y que se conserve esta palabra como típico cultismo hasta nuestros días, siendo así que, la palabra “armiño” —recordemos a Menéndez Pidal con la yod segunda “ene-yod; ni”—, procede de “mus armenius”, que es el ratón de Armenia? Se asimila esta palabra nueva detectada por primera vez en España a mediados del siglo XII, con el resto de las yodes segundas en el devenir de la evolución lingüística.

 

Es necesario, como decía antes, entresacar, de entre nuestros compatriotas vascos, a los jóvenes más inteligentes para que, como el filólogo catalán Joan Corominas, estudien y no olviden que Armenia en la Edad Media era la tierra más conocida en Occidente, con sus usos, sus costumbres y sus animales, mucho más que Rusia y resto de las tierras asiáticas a cuyo animal roedor blanco se le designaba ya como “mus ponticus”. ¿Por qué eran los armenios los más conocidos de todos los pueblos de Asia en Francia y en España?

 

Una leve apreciación al respecto: la traducción de la palabra “armiño” en armenio se pronuncia: [spitak kzak’is]; pero con una caligrafía preciosa: “սպիտակ կզաքիս”; por eso sugiero a nuestros amigos vascos que destierren de su léxico “armiño” y empiecen a decir “spitak-kzakis” porque “armiño” es una de las más típicas evoluciones al castellano con su “yod segunda”.

 

La prueba de que al animalito blanco lo trajeron a Provenza los armenios y los cruzados, y desde ahí lo exportaron a todos los montes de España y Francia es la palabra con la que se designaba en ese momento: “armenius” que muy pronto se convierte en “armiño”. Hemos de recordar la corriente de investigación lingüística “Wörter und Sachen”, del lingüista Vossler, que se propone, como finalidad, llevar al primer plano en la vida del lenguaje el aspecto semántico mediante el estudio profundo de las cosas. En este caso, la cosa es el animalito de la apreciada piel blanca como la nieve del Ararat, de donde precedía. Una curiosidad al respecto: a partir de la Edad Media, en las Islas Británicas donde, como en los montes Urales sí existía desde siempre el animalito blanco llamado “stoat”, se abandona la palabra autóctona “stoat” y se sustituye por “ermine” importada desde Francia. Por los montes de la Europa más nórdica sí que existían armiños y se les llamaba de maneras parecidas, así en ruso: “gornostaĭ” escrito con estos caracteres “горностай”. Yo creo que “stoat” y “gornostaĭ”, participan de las mismas raíces indoeuropeas como “spitak” armenio. (st st й st k). Propongo también esta línea de estudio.

Después de consideraciones como estas, ahora entiendo mejor cómo Nora Orbea Zubía, personaje de la novela “El enigma de Baphomet”, decía que su abuelo paterno llamado Arats (el aitona), “vasco, vasco” por los cuatro costados, hablaba armenio, y eso que nunca había salido de uno de los valles verdes de las tierras vascongadas ni él ni sus antepasados que según decía llegaban hasta San Ignacio de Loyola. Y conservaba los apellidos de varias generaciones: Aratz Orbea Zubía Barandiarán Recagorri Ayestarán Uberuaga-Zumaran Gainza Aludán Gaimberri Beherán Gainznarán (y le llamaban en el caserío “el tío refranes”, dando la coincidencia de que “Arats” en vasco significa “proverbio”; y en armenio “Arrats” también significa “proverbio”. Y de los apellidos de Nora, más de la mitad, terminan en “án” como los armenios. ¿Curioso, no?

Fíjémonos en este texto cogido al azar de una página web. Es armenio castellanizado al que llaman Euskara:

“Astelehenean, uztailak 18, 16:00etan, Vitoria-Gasteizeko Villa Suso Jauregian, Europako Malakologia Elkarteen VI. Biltzarraren inaugurazioa izango da. Ornogabe talde honen ikerketan eta kontserbazioan adituak diren ehun pertsona baino gehiago elkartuko dira kongresuan. Inaugurazioan izango dira: Eugenio Ruiz Urrestarazu, Arabako Campuseko errektoreordea Idoia Garmendia, Vitoria-Gasteizeko Udaleko Ingurugiro zinegotzia Germán Alonso, Eusko Jaurlaritzako Biodibertsitate eta Ingurumeneko Partaidetzako zuzendaria Jose Mari Sanz de Galdeano, Eusko Jaurlaritzako URA Agentziaren Plangintza eta Obra zuzendaria Benjamín Gómez Moliner, Kongresuaren presidentea eta UPV/EHUko Zoologia saileko katedraduna”.

Nada menos que el 40% de las palabras de este texto son castellanas: Europako (Europa), Malakologia (Malacología), inaugurazioa (inauguración), kontserbazioan (conservación), pertsona (persona), kongresuan (congreso). Inaugurazioan (inauguración), Biodibertsitate(biodiversidad), Obra (obra), presidentea(presidente), Zoología(zoología) saileko katedraduna( cátedra).

¿Por qué las cogen del Español?[12] ¿Por qué los académicos de la Euskaltzaindia no las cogen de su idioma, es decir: del armenio, que son preciosas todas? Es exactamente lo mismo decir que estas palabras “españoloas” son protovascas, que decir que el resto de las palabras de este texto, -caucásicas- son pre-protovascas.
Propongo la siguiente línea de investigación:
1) ¿El estrato lingüístico del vasco es el Armenio, el Georgiano y algunas otras lenguas venidas a Europa en la Edad Media?
2) ¿El substrato lingüístico lo constituyen el primigenio vascón con el resto de las lenguas primitivas prerromanas del norte de España y sur-oeste de Francia que evolucionan siglos más tarde entre el latín vulgar que llega a los siglos X y XI desgajándose en adstratos?
3) ¿Los adstratos lingüísticos son las lenguas romances, leonés, aragonés, catalán, occitano, francés y castellano que, a su vez, evolucionan y se nutren con simbiosis, con los superestratos?
4) Los superestratos lingüísticos de esa amalgama proceden de los actuales cultismos latinos y de lenguas modernas, como el actual inglés científico.
5) ¿Sería ésta, la explicación de por qué hay treinta idiomas vascos diferentes dependiendo de la ubicación de cada valle?
6) Hoy día la ciencia dispone también de métodos genéticos más finos que la comparación del factor sanguíneo. Investíguese.
Mi amigo Iñaki acaba de llamarme sugiriéndome la genial idea de llamar, desde hoy, al idioma vasco: “Euscalmenio”.
¡Cómo me hubiera gustado haber hablado en Salamanca de todo esto con Koldo Mitxelena y su compañero y mi maestro el Dr. Pensado.  Por lo menos me hubieran mirado a los ojos, pensativos, mientras leyeran este esbozo de artículo, moviendo la cabeza diciéndome: ¡quizás… quizás! ¡Hay que ponerse a ello y explorar todas las vías!
 


[1] Trozos de barro cocido o de vasijas con inscripciones en pretendida lengua vasca de los siglos II ó III ó IV, con los que se ha tratado de falsificar la antigüedad de la lengua vasca.

[2] “Oppidum” y “civitas”. Las dos palabras significan “ciudad”; si bien, como todo sinónimo, con matices diferentes: “oppida” significa “ciudades” y “civitas”, significa “ciudad”.

 

[3] Glosa emilianense Nº 60:  Dos frases que no se han llegado a descifrar con absoluta certeza, y se sigue dudando del idioma en  el que están escritas. Los lingüistas vascólogos sostienen que están escritas en euskera.

 

[4] “El Arca de Noé”.

 Mes de nisán, (más o menos, marzo o abril)

[5] Trombetti A. “L’unità d’origine del linguaggio”. Bologna. 1905.

[6] Sustituyendo el fonema nasal por oclusivo sonoro, lo cual no es repugnante en fonética.

[7] Ashot (Tulian) Artzruní: “Historia del pueblo armenio”, 4ª edición en español, Barcelona, 2010. Sirar Ediciones. Pag. 201.

[8] Artículo de P. Ignacio Peña, en internet: http://www.ive.org/mediooriente01.org/pag_resivemo.asp?id=51, del que extraigo estas líneas:

 

 “Conquistada en el año 1071 por las hordas turcas seljúcidas que devastaron toda la Armenia; una parte de la nación, con sus príncipes a la cabeza, emigraron a tierra bizantina, instalándose en las montañas del Tauro y en Cilicia. Aquí fundaron el principado de Armenia Menor que durará de 1080 a 1375. Tuvo relaciones muy estrechas con los cruzados a quienes los armenios prestaron ayuda militar. En Edesa se constituyó un principado armenio franco que duró medio siglo.”

 

“Con la Primera Cruzada, los armenios de Cilicia tuvieron como poderosos aliados a los cruzados francos. Con su ayuda, defendieron a Cilicia de los turcos, tanto con acciones militares directas como por el establecimiento de los reinos cruzados vecinos: el principado de Antioquía y el condado de Edesa”.

 

[9] Martínez Pradres, José Antonio. “Los canteros medievales”, pag 35. Dibuja cinco distintas de doble brazo.

[10] La cita exacta dice: “El rasgo más saliente y más definido de esta terca vocación de vida de la cultura vasca es su lengua, una lengua que con sus raíces de la Edad de Piedra aún vivas en sus voces ha llegado con alientos de juventud hasta la Era Atómica

[11] Dialecto tomado en el sentido evolutivo de una lengua en cuanto derivada de otra, de la misma manera que las lenguas románicas son dialectos del latín.

[12] Gorrotxategi Mikel.  EDWARD SPENCER DODGSON (1857-1922)Recopilación de sus publicaciones en prensa diaria.Homenaje a las puertas de su 150 aniversario. Goio Bañales.

“A muchos Vascongados las palabras extrañas y mezcladas que han de leer

en este libro les darán dolor de orejas. Sin duda que siendo el Euskeria (b)

tan rico en sí mismo no necesita de vestirse con lenguas extranjeras que son

más feas. Porqué hay que decir entiendimentuba para adiña? Y así muchas

otras frases del erdal (c) abandonando las púramente euskéricas?

En verdad ¿a quién no ha de amargarle, torturarle y atribularle el corazón

al ver que muchas otras lenguas se han condecorado con la abundancia

del Euskeria y que los mismos Vascos, del otro lado, mezclan palabras extranjeras

y llenas de fantasias infundadas con sus propias que están llenas de

sabiduría e ilustración?”
 
FUENTE: http://blog.elenigmadebaphomet.com/p/el-mito-de-la-antiguedad-de-la-lengua.html

6 comments for “El mito de la antigüedad de la lengua vasca

  1. MichaelUR
    5 abril, 2012 at 9:41

     
    Existe esta fabulosa posibilidad:
     
     
     
    En el territorio de la Armenia Histórica (región de los lagos Van, Seván y Urmiá) existió el Reino de Urartú aproximadamente entre los siglos XIII y  VI a.C.  El pueblo urartiano fue el fundador de la ciudad de Yereván (la antigua fortaleza de Erebuní )en el siglo VIII a.C.
     
     
     
    La lengua urartiana era aglutinante (el vasco es aglutinante). La lengua urartiana era no-indoeuropea (el vasco es no-indoeuropeo). Según algunos lingüistas es muy probable que las palabras no-indoeuropeas presentes en el idioma armenio (que es indoeuropeo) provengan del idioma urartiano.
     
     
     
    Si se comprueba que las palabras comunes de los idiomas armenio y vasco son no-indoeuropeas estaríamos ante la fantástica posibilidad de que la lengua vasca esté emparentada o haya tenido contacto cultural en alguna época de la historia con la lengua urartiana.
     
     
     
    (Espero no haberlos molestado con esta serie de cuatro intervenciones).
     
     
     
    Un nuevo saludo a los amigos armenios de un descendiente de vascos aficionado a estos temas.
     
     

  2. MichaelUR
    4 abril, 2012 at 0:13

    (Tercer  (y último ?)  aporte para los amigos armenios, de un descendiente de vascos).
    Evidentemente, la gran cantidad de palabras de origen castellano que hay en el vasco actual no prueba el parentesco del castellano y el vasco, lo que está descartado, sino su contacto cultural. Lo mismo pasó en sus orígenes con la fonética del castellano que fue influenciada por el vasco.
    De la misma manera, al ser el vasco y el armenio lenguas estructuralmente distintas no habría parentesco sino contacto cultural.
    El artículo (salvo el título que no comparto) es sumamente interesante y abre las hipótesis de que el vasco y el armenio tuvieron contacto en una época desconocida de la historia o bien que una tercera lengua influyó sobre ambas.
    Las dos hipótesis son apasionantes y merecen un serio estudio.
    Saludos !

  3. MichaelUR
    3 abril, 2012 at 21:03

     
    (Otro aporte para los queridos amigos armenios, de un descendiente de vascos.  No es la lengua solo lo que une a los seres humanos – soy cosmopolita y creo que debería haber una lengua internacional para todos – sino el espíritu, los afectos).
     
    De Wikipedia:
     
    Armenio – Clasificación
     
    El armenio es una lengua indoeuropea de difícil clasificación. Desde el punto de vista léxico la mayor parte de su vocabulario es de origen iranio, especialmente de origen parto. Por esa razón el armenio fue considerado inicialmente de manera errónea como una lengua irania, hasta el trabajo de Hübschmann (1897) que probó que el armenio constituía una rama independiente. Dentro de las lenguas indoeuropeas ciertas evidencias sugieren que tiene una peculiar relación filogenética con el griego y otras lenguas paleobalcánicas, aunque el parentesco no es ni mucho menos cercano.
     
    Vasco – Clasificación
     
    Tipológicamente el euskera es una lengua fuertemente aglutinante. En cuanto a la clasificación genética, actualmente el euskera es una lengua aislada, ya que carece de lenguas emparentadas genéticamente. Sería sucesora directa del euskera arcaico o histórico de los siglos I a III d. C.

  4. MichaelUR
    3 abril, 2012 at 17:10

    Según Wikipedia:
    “El euskera, eusquera,[] vascuence, vasco, éuscaro,[] vascongado[] o vizcaíno[] —esta última en la Edad Moderna — (en euskera, la denominación más usual es euskara, con variedades dialectales como euskera,  []eskuara[] o üskara) que fue conocida como lingua navarrorum en latín, por ser lengua popular del Reino de Navarra, es una lengua aislada (sin relación con ninguna familia de lenguas en el mundo) y se considera la única preindoeuropea superviviente en Europa occidental moderna, y por tanto, la de raíces más antiguas en esta región”.
    Quedó claro? La lengua vasca es preindoeuropea y la lengua armenia es indoeuropea.
    Las palabras comunes no prueban el parentesco sino el contacto cultural. En japonés “señor” se dice “jana” y en vasco “jauna”; “agua” en japonés se dice “ura” y en vasco “ura”.
    Sería bueno explicar porqué Armenia no tiene nombre en armenio. “Haiastán” es una palabra persa que significa “tierra de Hai”  siendo Hai el patriarca legendario armenio.
    Lo mismo sucede con los apellidos armenios: “ian” viene de la lengua persa no de la armenia.
    "Katolikós" en griego significa "universal".
     
    Etc, etc, etc.

  5. Dante
    7 enero, 2012 at 11:48

    Sr. García Castrillo: Le felicito por su artículo; por la amplitud y el detalle con los que ha tratado el tema. Además de tener muchos amigos armenios (algunos en Bilbao), mi esposa es de Yerevan y ya me había comentado algo al respecto.

    Soy lector asiduo (y suscriptor) de la revista "Historia" de NATIONAL GEOGRAPHIC. Creo que, este, sería un tema muy interesante -no solo para los armenios, o para los españoles, seguramente también para todos los lingüistas e investigadores del origen de las lenguas- para desarrollar en esta revista, con gran rigor, en uno o varios capítulos. Sería cuestión de que se pusiese de acuerdo con los responsables de la revista para que lo publicasen. Hasta creo que convendría darlo a conocer a todos los periódicos y revistas de este país… Evidentemente, despertaría mucha polémica, pasiones y debates si además saliese en cadenas de TV y de radio. Pero daría a conocer un aspecto muy diferente de lo que se piensa o se ha querido dar a conocer hasta ahora.

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