“Deseo que los armenios sean unidos”

FUENTE: http://www.diarioarmenia.org.ar/

Entrevista a Razmuhí Khurlopian

Razmuhí Khurlopian

 

A los 90 años, la armenia nacida en Beirut, conocida en el ámbito de la colectividad por su solidaridad y respetada por todas las instituciones, cuenta su historia de exilio, temprana orfandad y de amor hacia lo armenio sin reconocer distinciones políticas ni religiosas.

En la comunidad armenia, como en cualquier otra, existen esas personas que sin darse cuenta pasan por alto las diferencias y con su carisma hacen el trabajo silencioso de la unificación. Solidarias por naturaleza, son queridas por todos, pero no lo suficientemente reconocidas, dado que no persiguen un beneficio propio ni esperan el agradecimiento. Son como fantasmas, sólo que no asustan; aparecen en el momento exacto de la necesidad y se esfuman con la tarea consumada. De estas personas no hay muchas y Razmuhí Khurlopian es una de ellas.

Hija de un reconocido médico y una madre políglota, nació en Beirut, en plena ejecución del Genocidio Armenio. La pareja vivía en Beredjik, cuando unos militares turcos, debido a la entrañable amistad que mantenían con el médico, le advirtieron lo que venía: “Cuanto antes salgan de acá, porque dentro de tres meses va a estallar la guerra, le dijeron. Gracias a eso, todos los armenios de ese pueblo se salvaron porque mi papá lo divulgó. Una vez a salvo, todas esas personas vinieron a agradecernos con presentes”, recuerda Razmuhí, a través del relato de su padre.

Luego de un tiempo en Beirut, la familia se instaló, en 1929, en Buenos Aires. Poco después, el sostén del hogar falleció cuando sus tres hijos ni siquiera rozaban la adolescencia, como consecuencia del disgusto causado por el robo de gran parte de su fortuna y un aborto de su esposa. Así, Razmuhí conoció desde pequeña el significado de la abundancia y la austeridad, del bienestar y el desarraigo forzoso, de la ingenuidad y la madurez temprana. De la seguridad económica y tranquilidad afectiva, la familia fue invadida por el desconcierto. En este contexto, una tía que residía en Montevideo los convenció de trasladarse a la capital uruguaya.

“Me casé muy joven, a los quince. Mi mamá me buscó un candidato dieciocho años mayor que estaba económicamente muy bien, porque estaba muy enferma y no nos quería dejar solos. A los tres meses de casarme, ella murió. Mi esposo fue tutor, padre de mis hermanos, marido”, relata la armenia que luego de diez años en Montevideo, se radicó definitivamente, con su marido y un hijo que luego falleció, en la capital porteña. En Buenos Aires tuvo otros dos hijos; enviudó a los cincuenta y cinco, pero nunca más formó pareja: “Tuve pretendientes, pero no me interesó. ¿Para qué?”, se pregunta. En cambio, Razmuhí se dedicó de lleno a la comunidad armenia, sin desairar invitaciones ni involucrarse en disidencias políticas o diferencias religiosas: “Respeto todas las instituciones; me invitan, acepto y voy. Por eso me respetan. Nunca discuto sobre política ni religión, cada uno tiene su idea y hay que respetarla”, dice con convicción.

Su madre había sido la primera presidenta de la Comisión Directiva de HOM, por lo que se crió entre armenios; incluso en el hogar se hablaba en el idioma de sus ancestros. “Por eso yo iba muy seguido a las reuniones de HOM, a pesar de que pertenezco a la Comisión de Damas de la UGAB (Unión General Armenia de Beneficencia)”, comenta. “En ese entonces –aclara– había un poco de encono entre estas dos instituciones y con la independencia se dejó de lado. Hoy hay más unión, más comprensión, más amistad. Yo nunca he dejado de ir a ningún lado siempre que me han invitado. Trato de ser imparcial, respeto todo”, asume con una sonrisa.

Integró, además, la Comisión Directiva del Colegio Raffi y fue presidenta de la Comisión de Damas de la Unión Patriótica de los Armenios de Aintab. Razmuhí se entrega por completo a la comunidad en su totalidad, a aquella que le dio un lugar en Argentina, luego de varios desarraigos. No es fácil encontrar este tipo de personas, coinciden algunos. Muchas veces las diferencias, aún al interior de una misma causa, se profundizan y un objetivo común toma caminos diversos. Esta armenia que cumplió ya los noventa años y es abuela de seis nietos, vivió, y aún lo hace, para romper con esa realidad. Todas las instituciones saben que pueden contar con ella; sin embargo, Razmuhí se resiste a hacerlo público. “¿Para qué?”, se vuelve a preguntar.

“Espero vivir bien –concluye-, dejar un buen mensaje, un buen recuerdo para mis hijos, mis nietos, mis amigos. Y que los armenios sean unidos, que se respeten, que haya paz, unión, amistad, sobre todo amistad sincera que, hoy en día, un poco se ha perdido”, pide, con nostalgia, su último deseo.

FUENTE: http://www.diarioarmenia.org.ar/noticia.php?t=%22Deseo-que-los-armenios-sean-unidos%22&id=2fd13748004b552a9d73dce2a615d65a

Luciana Aghazarian

1 comment for ““Deseo que los armenios sean unidos”

  1. Rosi
    13 octubre, 2011 at 18:54

    Pues , si eso tambien pido que haya buena amistad entre los propios armenios, y que cuando uno vea a su paisano ("armenio/a") no salga corriendo pensando , hay madre que me va a hacer o qué me va a pedir , con lo pocos que somos ya podria haber un bueno rollo 🙂
    Que como mis antepasados decian , – Vortex hay endeg vay !
    Yo quiero que eso cambie , y pronto !

     

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