Armenia con ojos de Mónica Hernández

Fuente: http://www.focusonwomen.es/

Armenia, el Tíbet del cristianismo

Se cuenta popularmente que tanta es la animadversión entre turcos y armenios que, una vez, los primeros dijeron a los segundos que quitaran el monte Ararat de su escudo de armas puesto que, la montaña bíblica en el que se posó el arca de Noé tras el Diluvio Universal, se encontraba en territorio turco. Así que los segundos respondieron que eso sólo harían en caso de que los turcos quitaran la luna de su bandera, por razones obvias.

Monte-Ararat Monica Hernandez 500x746
Los armenios perdieron el monte Ararat tras la división de fronteras pactadas entre la URSS y Turquía en 1923. Durante siglos había pertenecido a los armenios y no sólo eso sino que se veía desde muchas partes del país y estaba, con la cumbre siempre nevada, en los corazones de sus habitantes.

De hecho, hay numerosas calles, plazas, restaurantes en todo el país que reciben ese nombre. Y decenas de artistas que lo plasman, de alguna manera, en sus obras.

Restaurante Ararat en la Plaza de la República 500x334
A cuenta del llamado genocidio armenio, en el que, supuestamente los turcos asesinaron a un millón y medio de habitantes de este país, los armenios emigraron de tal forma que por todo el mundo hay unos diez millones, mientras que en el propio país habitan sólo tres. Cualquiera que haya visto alguna película de Woody Allen o filmes sobre Nueva York seguro que recuerda que algún taxista armenio. ¿O no?

En Yereván, la capital, visité el Museo del Genocidio, un homenaje a las víctimas de los turcos, que, por cierto, siguen sin reconocerlo oficialmente. El país entero está muy sensibilizado con esta matanza que pocos se explican. Algo que ha contribuido a exaltar la nacionalidad y la conciencia en sus habitantes.

Acudí al centro Hispano, donde Ashot, el director, un armenio que hablaba muy bien español, me dijo “nací en Bakú, al igual que mi madre”, “ah, entonces sois de Azerbayán” observé. “No, somos armenios azerís”. Fue muy claro. Lo mismo ocurre con el músico Ara Malikian, armenio libanés o el director de cine Atom Egoyan, armenio canadiense. De esta forma tan contundente está arraigada la identidad de este pueblo.

Armenia es una ex república soviética. Y, la verdad es que, desde que los rusos se fueron, poco o nada se ha hecho por mejorar las infraestructuras del país. Salvo Yereván, la capital, que está muy restaurada, del resto del país lo que más merece la pena visitar son los monasterios. Ver un sólo monasterio ya justifica una visita a esta nación caucásica. Hay que tener en cuenta que fue el primer país del mundo en adoptar el cristianismo de modo oficial, así que se plagó de monasterios medievales para encontrarse con dios en los lugares más bellos del país.

No es fácil moverse en transporte público así como encontrar gente que hable otro idioma que no sea armenio o ruso. Existe hasta un alfabeto propio ya que es una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

Monasterio de Geghard ©Monica Hernandez 500x747

Preguntando a unos y a otros conseguí un conductor armenio para hacer una excursión a los monasterios de Khor Virap y Noravank, en dirección sur y atravesando un desierto montañoso. Arman, que así se llamaba mi conductor, no tenía aire acondicionado en su coche, un antiguo Lada ruso, por lo que a cuarenta y cinco grados, en pleno verano y con las ventanillas bajadas, decidí que las siguientes visitas que haría a monasterios serían en autobús, excursión organizada y aire acondicionado.

El monasterio de Khor Virap se caracteriza, sobre todo, por tener unas vistas excelentes del Ararat. Novarank es patrimonio mundial de la Unesco y es conocido sobre todo por ser el lugar al que venían los monjes armenios a copiar, decorar y restaurar los libros.

Garni, Geghard, Haghpat, no hay ni un solo monasterio que no merezca la pena visitar. Algunos, como Tatev, están en lugares recónditos, lejanos y algo inaccesibles, cosa que realza su misterio.

En alguno de ellos, excavados muchos en las montañas, me preguntaba cómo el mismo hombre que había sido capaz de crear semejantes bellezas en su búsqueda de dios y la pureza, era un ser en guerra con sus propios vecinos, turcos y azeríes.

Una de las cosas que me llamaba la atención era la infinidad de cruces de piedra que había por todas partes. Se llaman Jachkar y están hechas como de ganchillo, las primeras datan del siglo IX y significan la conexión del cielo con la tierra. Son obras escultóricas dedicadas a la fe, al recordatorio de los seres queridos, o en memoria de hechos históricos, como las guerras.

cruces de piedra ©Monica Hernandez-500x334

Restaurantes por el camino, pocos. Las cartas y menús, en armenio. El país no está acostumbrado al turismo a pesar de poseer una de las bellezas arquitectónicas más importantes y llamativas del mundo. Por causa de la religión, sí. Armenia es el Tíbet del Cristianismo.

Dilijan. La zona montañosa. El paisaje cambia completamente de punta a punta del país. Hasta allí llegué en taxi, quizá sea la mejor forma de moverse ya que no son excesivamente caros, el país no es demasiado grande y llevan taxímetro.

Dilijan es la suiza de Armenia. Por lo verde. Por lo montañosa. Y es así, respirable. Pero la localidad es un pueblo sin calles, creo que conté un solo bar. Así que la vida se hace en las pocas casas rurales, espectaculares, por cierto, que bordean el valle. Saliendo de Yereván, innumerables son las sorpresas que puede llevarse el visitante.

Mis últimos días los pasé en el lago Sevan que, si bien puedo decir que es un paisaje excepcional, me recordaba con fuerza a la Cullera española de los años setenta por las escasas infraestructuras turísticas y el tipo de familias de clase media que veraneaban por allí.

Los armenios que me encontraba por el camino eran agradables, simpáticos… abriéndose a mí en la medida que nos permitían nuestras escasas palabras en común.

La noche que salí con Ashot me contaba cómo todas las chicas arregladas con las que nos íbamos cruzando, salían a exhibirse, exageradamente pintadas, pero no a hacer nada.

-¿Hacer nada?

-Sí, aquí las chicas presumen, coquetean y se exhiben pero van vírgenes hasta el altar, son cosas de nuestras tradiciones. De hecho, cuando se consuma el matrimonio, si se confirma que la chica es vírgen, la familia del chico envía una manzana roja a la de la chica a la mañana siguiente.

-¿Y si no lo es?

-Envía a la chica entera.

Mónica Hernández
Fotografías de Mónica Hernández ©2011. Todos los derechos reservados.

Fuente: http://www.focusonwomen.es/viajes-para-mujeres/armenia-el-tibet-del-cristianismo/

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