“A vosotros no puede el mundo aborreceros: a mí sí que me aborrece, porque yo demuestro que sus obras son malas”. San Juan – VII – 7.

El hombre no solamente muestra a cada momento su flaqueza, sino que le desagrada que le señalen sus aberraciones y sus culpas. "Me aborrece porque yo demuestro que sus obras son malas", dice el Redentor. Aborrece la verdad (la palabra de Dios es la verdad misma); ama la mentira; quiere ser engañado. Ello se observa de continuo y lo mismo en lo grande que en lo pequeño. Para comprobarlo basta mirar la facilidad con que triunfan los embaucadores de toda condición y el menosprecio en que se tiene al sincero. No hay empresa más dura, más difícil, más escabrosa que la de mostrarle al hombre su torpeza y su maldad; no existe tarea más fácil y lucrativa que la de halagar la ignorancia y la vanidad con la mentira y la ilusión. Ved cómo dudan los pueblos del Retendor, de sus enseñanzas, de sus obras, y ved cómo triunfan los habladores que prometen la abundancia, el bienestar, la felicidad, como un regalo.

LAS ENSEÑANZAS DE JESUS

CONSTANCIO C.VIGIL

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