“¿Conque vosotros no entendéis esta parábola?; pues,¿cómo entenderéis todas las demás?” San Marcos -IV- 13

CUÁNTA amargura revelan estas palabras del Divino Redentor! ¡Con  qué aflicción comprobaba que su siembra caía en la piedra o entre las espinas que la ahogaban!

   “¡Qué! ¿También vosotros tenéis tan poca inteligencia que no comprendéis?…”, exclamó en otro momento.

Y ni los años ni los siglos han alcanzado aún al hombre para que se redima de su tremenda ignorancia. Pequeño es todavía el número de los que realmente “han entendido”. Porque ancho y cómodo es el camino de la perdición; estrecho y lleno de dificultades el que lleva a la verdadera vida.

   Ocurre con frecuencia que allá, sólo al fin de su existencia, el hombre abre  sus oídos a la verdad, y sus ojos a la luz de lo infinito. Deplora entonces la confusión y la torpeza con que pasó sus días sobre la tierra, y comprende que buscó lo que no le sirve para nada, que se afanó inútilmente, que sus conquistas fueron ilusorias, que no entendió lo que más necesitaba.

 

Las Enseñanzas de Jesús

Constancio C. Vigil     

www.armspain.com

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